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Virgen de la Asunción Patrona y Mariscala de las FF.AA. de la Nación Imprimir

Terminada la sangrienta guerra contra la Triple Alianza, se iniciaba la restauración del Paraguay. Entre tantos problemas a intentar resolver, más de una persona pensó en el inconcluso Oratorio; era deseo de poner en condiciones la casa que serviría de morada oficial a Nuestra Señora de la Asunción, hasta entonces custodiada en casas particulares de conocidas familias. Se realizaron contribuciones populares, y leyes especiales y ordenanzas municipales fueron dictadas, todas con el mismo propósito, terminar la casa. En cierta ocasión el Congreso sancionó una Ley que destinaba el edificio, una vez terminado, para local del Museo Histórico. Con esto, se contradecía el destino fijado por el Mariscal López al ordenar la construcción del Oratorio. El Poder Ejecutivo vetó la Ley, por considerar que "el sentimiento religioso de los habitantes no ha menguado ni variado en lo más mínimo".

En 1929 el anhelo popular de terminar la obra estuvo a punto de concretarse, ya que "fueron calzados los cimientos, se cimentó la cúpula que presentaba inquietantes grietas, comenzó su revestimiento con la chapa de cobre que hoy luce y se coronó con la cruz iluminada que también hasta hoy ostenta".

De nuevo la guerra, la del Chaco del 32 al 35, actúa negativamente y el Oratorio sin terminar. El Gobierno surgido el 17 de febrero de 1936 resolvió concluir el edificio, encarándolo decididamente el Intendente Municipal Dr. Felipe Molas López.

El trabajo fue encomendado inicialmente al ingeniero Bruno Paprosky, capacitado profesional de origen polaco, el planteamiento y la dirección de los trabajos, contando con la colaboración de funcionarios técnicos del Departamento de Obras Públicas de la Municipalidad, ingenieros Luis Paleari, Pastor Gómez, Roque Saldívar, Bernardino Bedoya y el arquitecto Miguel A. Alfaro, a quien se debe la ejecución de la leyenda PIDES ET PATRIA, que resalta en el frente de la histórica casa. Por no encontrarse los planos primitivos, primaron en estos hombres "el sentido artístico y la necesidad de que los trabajos de terminación sean llevados a cabo con tino y tratando en lo posible de no desnaturalizar lo que ya estaba ejecutado". A la obra se agregó motivos ornamentales que le dieron prestancia, acercándose más así a los monumentos europeos en los que se inspiró Ravizza.

El 14 de septiembre de 1936, el Gobierno dictó un Decreto designando el monumento como "Panteón Nacional, destinándolo a conservar los restos de los próceres de la Nación, que se hicieron merecedores de la gratitud de la posteridad, por sus virtudes excepcionales al servicio de la Patria". Fueron declarados tales, el Doctor José Gaspar de Francia, Don Carlos Antonio López y el Mariscal Francisco Solano López. También se ordenó la inhumación en dicho mausoleo, de los restos de tres Jefes Militares que tuvieron actuación destacada en la guerra contra la Triple Alianza, así como de un soldado paraguayo caído en la guerra del Chaco, el depósito y la conservación de las banderas que pertenecieron al Ejército Nacional en las dos guerras.

Los comentarios abundaron por este motivo, siendo el más corriente, el de que esa medida implicaba un despojo a la Virgen de la Asunción, con derechos indiscutidos sobre el Oratorio.

Aún faltaba la cripta y los decorados, cuando el 12 de octubre del mismo año, se efectuó la solemne inauguración, depositándose las urnas conteniendo los restos del Mariscal Francisco Solano López y los de un soldado caído en el Chaco, frente a las trincheras de Boquerón, aquellos en una urna de bronce y éstos en otra de madera paraguaya.

Es oportuno resaltar que la urna de bronce traída de París, sirvió de patrón para otras urnas que fueron fundidas en la Dirección del Material Naval y Astilleros y posteriormente depositadas en la cripta del Oratorio.

Un año después "visto el deseo unánime de la sociedad paraguaya, de que el edificio se destine como Oratorio", se resolvía la cripta para Panteón y consagrar la parte superior como templo, dictándose en consecuencia un Decreto por el cual se entregaba el edificio a la Curia Eclesiástica, hecho que no impedía que dentro de él descansasen los restos gloriosos de los beneméritos de la Patria, bajo el amparo tutelar de la Virgen de la Asunción, Patrona de la Capital y de la República y Maríscala de sus Ejércitos.

En 1939 se instalaba un altar de mármol traído de Buenos Aires, el cual recibía solemnemente la sagrada Imagen de la Virgen, custodiada entonces en la antigua residencia de Don Luis Escobar, situada a media cuadra del Oratorio.

En este período, bajo la Intendencia Municipal del Capitán de Navío Ingeniero José Bozzano, concluyen definitivamente las obras. Al cavar la cripta se había tropezado con un gravísimo inconveniente, pasaba el curso de un arroyo subterráneo, el Arroyo del Pozo Colorado, ya mentado por los Cronistas Coloniales, que nace en Ycuasatí y forma un verdadero lago en la manzana del Hotel Guaraní y luego va por el Oratorio hasta la calle El Paraguayo Independiente, donde se reúne con otro cauce subterráneo para desembocar finalmente en la bahía por la calle Juan E. O’Leary. Con acabada pericia técnica se salvó el obstáculo, cimentando los 221 pilones de urundey ya existentes y con otras obras que desviaron las aguas.

Se desciende a ella por una escala lateral y su abertura circular está protegida por balaustrada de mármol. En los nichos laterales fueron puestas las estatuas de los dos Mariscales, debidas al escultor nacional Francisco Almeida y de Don Carlos Antonio López y del Doctor Francia, de que es autor el escultor nacional Vicente Pollarolo. Posteriormente fueron agregadas las de Beato Roque González de Santa Cruz y del Monseñor Juan Sinforiano Bogarín, esculpidas por Alberto G. del Río. El Altar Mayor es enteramente de mármol y en su cúspide rutila la maravillosa Imagen de la Virgen, tan cara al sentimiento religioso del pueblo paraguayo, la más excelsa sublimación de su fe.

La ventana semicircular que da sobre la calle Chile lleva vitrales con las efigies del General Fulgencio Yegros, Mariscal Francisco Solano López, Carlos Antonio López y Capitán Pedro Juan Caballero; en la del lado opuesto, las de Vicente Ignacio Iturbe, Doctor José Gaspar de Francia, General José Eduvigis Díaz y General Bernardino Caballero.

Para dar mayor luz al edificio restaurado, se expropió el resto de la manzana, fueron demolidas sus construcciones y se trazó un Jardín. Las casas que cayeron bajo la piqueta eran todas antiguas y una de ellas de subido valor histórico, la residencia que fue del Mariscal López, en la esquina de Palma y Nuestra Señora de la Asunción, la más lujosa de su época y que aún conservaba vestigios de su antiguo esplendor. Al inaugurarse el Panteón un túmulo guardó los restos del Mariscal López y del Soldado de la Guerra del Chaco. Concluida la cripta ellos encontraron en su recinto adecuada ubicación. Posteriormente fueron depositados en la cripta los restos del Presidente Carlos Antonio López, exhumados de la Iglesia de Santísima Trinidad y de los Generales Jasé Eduvigis Díaz y Bernardino Caballero, que se hallaban enterrados en el Cementerio de la Recoleta.

Cada uno de los traslados de estas cenizas ilustres motivó impresionantes ceremonias oficiales y populares. Cuando el 7 de septiembre de 1940 pereció trágicamente el Mariscal José Félix Estigarribia, sus restos pasaron a integrar la egregia legión de los Héroes de la Patria que se custodian en el sagrado recinto. Con estos últimos fueron depositados los de Doña Julia Miranda de Estigarribia, fallecida en la misma circunstancia, y como un homenaje a la abnegada esposa paraguaya.

Desde hace varios años, las cenizas del Capitán Antonio Tomás Yegros se guardan en una urna de bronce en la cripta.

En la lista de revista del Panteón faltan los restos mortales o las cenizas del General Fulgencio Yegros, Presidente de la Primera Junta Patriótica y uno de los líderes de la Revolución de Mayo; los despojos de una de las Residentas, la mujer paraguaya que cuando sonó la trágica hora de la guerra, fue la compañera inseparable del hombre paraguayo y recorrió el largo camino hasta Cerro Corá.

En las paredes del recinto del Oratorio se hallan colocadas placas recordatorios de homenaje de las Fuerzas Armadas, de Ex-Combatientes de la Guerra del Chaco, de Centros Estudiantiles y Culturales nacionales y de países extranjeros.

En un Álbum signan distinguidas personalidades visitantes del augusto altar patrio, como prueba de admiración hacia las figuras cumbres, que ahí reposan.

Por Orden General Nº 60 del Comando en Jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación, de fecha 21 de Julio de 1961, se establece un Servicio de Guardia permanente desde el 24 de Julio del mismo año, con fracciones de tropas de las distintas Unidades de Guarnición en la Capital.

Esta loable determinación obedece al hecho de que el Superior Gobierno de la Nación, dispuso "la instalación de la Lámpara Votiva en el Panteón Nacional de los Héroes, que deberá estar prendida desde el 24 de Julio y por siempre, como un homenaje de veneración y recordación permanente a los Héroes máximos de nuestra Patria grande, libre y soberana".

Por la misma disposición se confía a las Fuerzas Armadas de la Nación dicho homenaje, "por ser ellas las herederas legítimas de las glorias inmarcesibles del pasado y celosas custodias del presente".

MENSAJE DEL PODER EJECUTIVO QUE PIDE EL GRADO DE MARÍSCALA DE NUESTRO

EJÉRCITO PARA LA VIRGEN DE LA ASUNCIÓN

Asunción, 6 de Agosto de 1951.

Honorable Cámara de Representantes:

El Poder Ejecutivo de la Nación tiene el honor de dirigirse a Vuestra Honorabilidad, a fin de someter a su consideración el proyecto de Ley, por el cual se le confiere el grado de Mariscala de las Fuerzas Armadas de la Nación, a la Santísima Virgen de la Asunción, a la que Su Santidad el Sumo Pontífice recogiendo la voz de la cristiandad definió el dogma de la Asunción de la Santísima Virgen Madre de Dios, que por derecho propio y voluntad unánime del Pueblo Paraguayo es la Patrona de la República y bajo ¡su advocación las Fuerzas Armadas de la Nación desean proclamarla su Mariscala, como un tributo de homenaje a sus excelsas virtudes.

Para el cumplimiento de este propósito, dentro de los preceptos de nuestra Carta Magna y de las leyes que establecen el escalafón militar, en el que no figura el grado de Mariscala, hacen necesario establecerlo por Ley de la Nación.

Fundamentan este petitorio:
En Octubre de 1536 Juan de Ayolas remontó los ríos Paraná y Paraguay presidiendo esa expedición una imagen de la Inmaculada Concepción de María, la que después recibió el sobrenombre de la "Conquistadora". Mereció tal dictado por haber sido la primera imagen de la Virgen María a bordo de la primera armada destinada a conquistar las regiones del Plata.

El 15 de Agosto de 1537 Juan de Salazar fundó la casa fuerte "do todos se metiera", con el nombre de "Nuestra Señora de Asunción".

En dicho fortín fue entronizada "La Conquistadora", bajo la advocación de "Nuestra Señora de la Asunción".

En 1541 Martínez de Irala declaró la casa fuerte "Ciudad de Asunción y Capital de la Provincia del Río de la Plata", mereciendo al mismo tiempo el dictado de "Ciudad Madre" por haberse convertido en centro de conquistas.

En 1547 el Papa Pablo III erigió el Obispado de la "Santísima Asunción del Paraguay", primero en el Río de la Plata. Desde entonces de hecho, la Santísima Virgen de la Asunción fue considerada Patrona del Obispado que ajustaba sus límites a los de la extensa Provincia del Plata.

Desde la pequeña capilla, convertida de improviso en iglesia Catedral, Nuestra Señora de la Asunción recibía, de parte del vecindario, cultos de brillo excepcional de acuerdo con las circunstancias de tiempo y lugar, tanto que en 1727, los poderes públicos se ocupaban de la festividad de "Nuestra Señora de la Asunción, Patrona Titular de esta Provincia", como una nueva Imagen.

En 1742 llegó al Paraguay la actual imagen de Nuestra Señora de la Asunción, tallada en madera y adquirida en Nápoles.

En 1763 era ya general el culto a la nueva imagen. Actas capitulares en 1749, 1770 y 1789 se ocupan de los festejos del 15 de Agosto como fiestas de primera categoría por ser los de la "Patrona Titular de esta Provincia". El siglo XVIII, pues, actuaba como en fuerza de una costumbre indiscutida en aquella época y establecida por lo menos desde 1547.

En 1810 y 1811 Nuestra Señora de la Asunción presenció las luchas por la Independencia Nacional en la "ciudad de los comuneros".

El 15 de Agosto de 1812, por primera vez, se enarboló el pabellón nacional, el que, con ligeras variantes, sigue siendo el símbolo de la Nación Paraguaya.

En 1816, el Dictador Rodríguez de Francia, ordenando los festejos de la Asunción de Nuestra Santa Patrona Titular de esta Provincia, lanzó un decreto para "concurrir a la Santa Iglesia Catedral a rogar por el aumento de la Religión y felicidad de la República".

El pueblo paraguayo, ha venido celebrando el 15 de Agosto con demostraciones cada día mayores y más numerosas de sencillo y puro regocijo público, alusivas a la Santa Virgen de la Asunción y a la Patria, Desde 1859 hasta el día de hoy las solemnidades religiosas del 15 de Agosto son complementadas con la Exposición solemne y Adoración del Santísimo Sacramento del Altar, durante tres días, ceremonias a las que concurren grandes masas de fieles. Por su parte, desde tiempo inmemorial, las fuerzas militares con sus armas y banda de músicos flanqueaban las procesiones de la Santa Patrona y tendales del ejército cargaban con sus andas.

El 15 de Agosto de 1865 ya estallada la guerra, "se Imploró el triunfo para las armas nacionales a esta Reina de los Ángeles y Patrona Titular del Paraguay"... "las misas de ese día fueron ofrecidas por la salud y felicidad del muy digno Mariscal Presidente de la República, por el acierto de los valientes ejércitos nacionales en operaciones y por la prosperidad de la Patria".

El 15 de Agosto de 1867, momentos en que arreciaba la campaña militar, las solemnidades de la Iglesia Catedral revistieron mayores pompas, esplendor y esmero que los desplegados en años anteriores para "implorar con ardiente fe y confianza, interceda ante su amantísimo Hijo, mire con benignos ojos a la República que se ufana de haberla elegido su Patrona Titular y tutelar y segurísima guía de su existencia política"... "el primer día, día de esa Madre que nos acoge bajo su manto protector, asistió también el Vice Presidente con acompañamiento de costumbre... "tuvimos tres días de verdadera devoción y demostraciones de religiosos afectos dignos de la Santísima Madre de Dios y Nuestra también por doble motivo de quien tan confiadamente esperamos su soberana protección en los momentos supremos de la Patria".

En 1868, siguiendo al ejército y a la población civil se plegó a la "residencia" y después de los cultos rendidole en Caacupé el 15 de Agosto desapareció la sagrada imagen.

Terminada la guerra en 1870 el busto de la Santa Patrona fue hallado envuelto en paño negro sobre el altar mayor de la Iglesia Catedral. Tiempo después apareció una mano en Humaitá y por fin en 1872 la otra en la Chacarita, suburbio de esta ciudad.

En 1877 el Superior Gobierno de la Nación inició acción judicial contra la mayordoma de la Santísima Virgen vindicando la propiedad de la sagrada imagen. Dicha acción epilogó en la donación de la misma a la "Nación e Iglesia del Paraguay".

En 1901 el 46º Obispo de Asunción, Monseñor Juan Sinforiano Bogarín, interpretando el sentir de su pueblo, en un expresivo mensaje imploró de Su Santidad León XIII LA DEFINICIÓN DOGMÁTICA DE LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA.

El 15 de Agosto de 1934, durante la Guerra del Chaco, el ejército paraguayo obtuvo una señalada victoria con la toma del fortín boliviano "Picuiba" reputado uno de los principales objetivos de una gran ofensiva. En tal ocasión el Comando en Jefe del Ejército de Operaciones dio el nombre de "Nueva Asunción" al fortín capturado.

Estando próxima la fecha del 15 de Agosto, aniversario de la fundación de la Ciudad de Asunción, en cuya oportunidad es deseo del Poder Ejecutivo como de las Fuerzas Armadas de la Nación, rendirle a su Divina Patrona el homenaje máximo de su designación como Maríscala del Ejército Paraguayo.

Dios guarde a Vuestra Honorabilidad.

Fdo.:
FEDERICO CHAVES
Francisco Caballero Álvarez
Bernardo Ocampos

HOMENAJE ORAL TRIBUTADO POR EL PRIMER MAGISTRADO DE LA NACIÓN

A LA VIRGEN PATRONA

Como número culminante del programa de festejos cumplido en homenaje a la Virgen de la Asunción, Patrona del pueblo paraguayo y Mariscala del Ejército Nacional, figura la magnífica pieza oral pronunciada por el Sr. Presidente de la República, Dr. don Federico Chaves, ante la Imagen de Nuestra Señora, en un pasaje de la procesión apoteósica verificada con acendrada religiosidad en la tarde del 15 de agosto, en conmemoración del cuatrocientos catorce aniversario de la fundación de nuestra histórica ciudad capital y también en señal de adhesión total y fervorosa de la Nación a la declaración dogmática de la Asunción a los cielos de la Augusta Madre.

He aquí el texto de la tocante invocación a la Excelsa Protectora de los pueblos jesucristianas:

Señora:
Toda la nación paraguaya se halla aquí presente, en este momento histórico, representada por su Gobierno, por su magistratura, por las Fuerzas Armadas de la Nación y por el pueblo que os ama con filial ternura.

Aquí nos hemos congregado, para agradeceros los ingentes beneficios que vuestras piadosas manos han derramado sobre los hijos de esta nuestra querida patria, desde los albores de su nacimiento a la cultera y civilización cristiana.

Aquí nos hemos congregado, para testificar al mundo entero nuestra gratitud por el amor que nos habéis profesado ostensiblemente en todos los siglos de nuestra Historia, lo mismo en los días de regocijo de nuestras victorias, que en las días luctuosos de nuestros infortunios.

Vos, Señora, habéis sido la depositaría de nuestras alegrías y de nuestras penas, de nuestras inquietudes y de nuestras esperanzas.

De aquí dimana, como de su fuente manantial, la devoción que os ha profesado el pueblo paraguayo.

Podría, pues, esta Nación, eminentemente mariana, permanecer indiferente ante el acontecimiento que conmovió al mundo, al definir el Sumo Pontífice, como dogma católico, la verdad de vuestra gloriosa Asunción en cuerpo y alma a los cielos, enraizada en el corazón mismo de la Iglesia y cuya tradición se pierde en los lejanos tiempos apostólicos?

Podría, en particular, esta ciudad capital nuestra, contemplar pasivamente tan extraordinario acontecimiento siendo así que ella es la única en el mundo que puede ufanarse de llevar por nombre propio el de este inefable misterio de vuestra gloriosa Asunción?

Por esta razón el pueblo paraguayo, que no se deja vencer en generosidad, ni quiere quedar atrás en el amor con que, al honraros, rivalizan los pueblos todos del orbe católico, ha resuelto corresponder con sincera gratitud, al honor que se deriva de tan excelsa advocación y queremos y humildemente os suplicamos aceptéis el Patronazgo de nuestra Nación y que lo extendáis sobre las Fuerzas Armadas, fieles defensoras de la inviolable soberanía nacional — y no teniendo otra cosa que ofrendaros, queremos seáis también la Mariscala de la Patria perpetuamente.

Con esto deseamos expresar la firme e indeclinable voluntad de que nuestra Nación os quede por siempre y totalmente consagrada, para que, así como la devoción particular que los fieles cristianos os profesan, es para ellos prenda de predestinación a la gloria, así también este acto consciente, libre y voluntario que estamos realizando, sea para la Nación una prenda de su predestinación a la fe, a la fe católica que heredamos de la Madre Patria, regada con sudores de apóstoles y sangre de mártires y en la que todos los paraguayos queremos vivir y morir.

Bendecid, Señora, a nuestro pueblo. Obrad el milagro de la pacificación espiritual y vuelvan aquellos días de paz y de abundancia en los que todos los paraguayos se sentían felices bajo el cielo de la Patria.

Bendecid, Señora, a vuestro pueblo. Obrad el milagro de la reconciliación nacional, para que todos los paraguayos unidos en una misma fe y en un mismo ideal, trabajemos por el engrandecimiento de la Patria, bajo el signo de la cruz y el conjuro de vuestra bondadosa y maternal protección.

Así sea

DEL ARZOBISPO DE ASUNCIÓN AL COMANDO EN JEFE DE LAS FF.AA. DE LA NACIÓN

Asunción, 21 de Agosto de 1951.
N° 350,
Sr. Comandante en Jefe de las FF.AA. de la Nación, General de División Don Emilio Díaz de Vivar.
E.S.D.

Después de los grandiosos festejos que hemos tributado a la Santísima Virgen de la Asunción, nuestra Excelsa Patrona y en los que las FF.AA. de la Nación han tenido destacada y valiosa actuación, es de nuestro deber hacer llegar al digno Comandante en Jefe de ellas, nuestra más íntima gratitud, formulando augurios muy sinceros para que la que es MARÍSCALA y PATRONA DE NUESTRO GLORIOSO EJÉRCITO se digne extender siempre su manto protector sobre los abnegados Jefes y Oficiales y soldados de las FF.AA. de la Nación y los siga bendiciendo con su maternal solicitud. Hago propicia esta oportunidad para saludar al Sr. Comandante, suscribiéndome de S.E. atto. y S.S.


Fdo.:
Aníbal Mena Porta
Arzobispo de Asunción

 

Fuente:

Publicaciones Militares de las FF.AA. de la Nación - 1951