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El Heroísmo de nuestros Aviadores Imprimir

Mayor PAM. Isidro Jara C. (+)

En diciembre de 1932, nuestro Ejército en Campaña llegó hasta la puerta del fortín boliviano Saavedra, baluarte de las fuerzas enemigas. Mucho se intentó romper su frente de resistencia, se procuró rebasar sus alas, pero toda iniciativa de nuestro Comando no dio el resultado esperado.

En la tarde del 3 de diciembre llegó a la aeropista de Rodríguez de Francia (Arce), el dinámico y capacitado Jefe de Operaciones de Comanchaco, Capitán Ramón Avalos Sánchez, y pidió al Director de la Aviación en Campaña, una máquina de reconocimiento, para realizar él, personalmente, una observación aérea el día siguiente, 4 de diciembre, sobre el campo de batalla de Saavedra.

Nuestra aviación, hasta el mes de diciembre de 1932, contaba como observadores al entonces Cap. José Atilio Migone, Cap. José M. Fernández, Leandro Aponte, Gregorio Morínigo, Juan González Doldán, Víctor Vallejos, Ramón Della Logia y los Ttes. 1º Román García, Walter Gwynn, Carmelo Peralta y otros capacitados oficiales.

El día 4 de diciembre, a primera hora de la mañana, el Potez Nº 6, tripulado por el Tte. 1º Tritón Benítez Vera, como Piloto y Observador el Cap. Avalos Sánchez, emprende el vuelo de observación sobre el campo boliviano, pasando a baja altura sobre el PC del Comando en Campana. Los que estuvieron en primera línea, cuentan que el Potez Nº 6, una vez alcanzada la zona controlada por los bolivianos, volvió enseguida, volando a poca altura sobre nuestras tropas del frente y, que algunos minutos después, regresó para sobrevolar la posición boliviana a cumplir su misión, y vieron que una máquina contraria atacó sorpresivamente al Potez, disparándolo varias ráfagas de ametralladora, derribándole sobre el campo de Saavedra controlado por los bolivianos, pereciendo su tripulación.

La máquina derribada, cumplía la misión sola, porque las otras, entre ellas el legendario Potez Nº 5 no estaba en condiciones de vuelo por excesivo y constante uso en las operaciones de reconocimiento y los dos aviones de caza Wilbaut, que se encontraban en Arce, tampoco estaban como para cumplir misiones de protección.

El día 6 de diciembre, el Comando ordena que todas las máquinas que se hallaban en apresto en Arce, bajasen a Asunción, para ser reparadas en ÑÚ Guazú. Dos testigos que presenciaron la caída del Potez Nº 6, los Ttes. Job Von Zastrow y Rogelio Etcheverry del RC 3 "Coronel Mongelos", oficiales de valor probado, se estrecharon las manos y juramentaron que los dos pedirían pase a la Aviación en Campaña en procura de lavar la sangre derramada en el cielo de Saavedra.

El 7 de diciembre de 1932 bajaron a Campo Grande las máquinas que prestaban servicio en el frente, al tiempo en que también un Potez, tripulado por los Ttes. Walter Gwynn e Isidoro Jara, partía de esta base rumbo al Chaco para reforzar la dotación del frente. El Capitán José A. Bozzano ignoraba la orden de Comanchaco que disponía bajasen las máquinas a Asunción y por este motivo resolvió reemplazar el avión derribado el 4 de diciembre.

Una vez llegado el avión a Arce, Walter Gwynn comunicó al Jefe de Estado Mayor en Campaña, su misión de prestar servicio a nuestro Ejército del Chaco. El Coronel Garay le contestó, que el Comando, no era de parecer que se utilizará una sola máquina para el servicio de vuelo de reconocimiento sin la protección de aviones de Caza, y agregó más, que se esperase en Arce, cualquier orden que pudiese determinar el Comando.

A las 20 horas del día 8 de diciembre, por teléfono el Cnel. Garay ordena que los Ttes. Gwynn y Jara, con la dotación de tropa de la aeropista de Arce, más los heridos leves, enfermos convalecientes de los hospitales y soldados de distintos servicios de aquella guarnición, se constituyeran al Fortín Alihuatá (Zenteno) a los efectos de preparar la defensa contra un posible ataque boliviano, al mando del Cap. Busch, que merodeaba ese sector.

Esa misma noche del 8 de diciembre estaba pronta la organización de un batallón con 260 plazas al mando del Tte. Walter Gwynn. El Fortín no fue atacado.

En enero de 1933, con las máquinas reparadas, se realizó el transporte de municiones para nuestro baluarte en Nanawa.

En marzo de ese año llegó la nueva partida de 7 Potez y 5 Fiat, formándose con ellos una escuadrilla de reconocimiento y bombardeo y otra de caza. Una vez probadas estas máquinas, partieron al frente de operaciones.

Este avión Fiat de caza desarrolla su máxima velocidad a 3.000 metros de altura. Conocedor los bolivianos, de las características de este avión, siempre buscaban combate a baja altura, especulando así con la mayor velocidad de sus máquinas. Prueba de ello tuvimos los días 11 y 12 de junio de 1933, cuando fue atacada la Base Aérea de Villa Militar, con 11 máquinas a baja altura. Nuestros aviones de caza (3 Fiat) levantaron vuelo para enfrentar al enemigo. La lucha fue muy desigual. En esta acción pereció el gallardo Tte. Walter Gwynn, al estrellarse su máquina contra el suelo.

En 1933, las dos escuadrillas se hicieron sentir a lo largo de todo el frente, cumpliendo misiones de reconocimiento y bombardeo, siempre protegidos por los aviones de caza. Las Escuadrillas estaban comandadas por los capitanes José M. Fernández, Juan González Doldán, Víctor Vallejos, Víctor Urbieta Rojas, Bernardino Caballero Álvarez y Tomás Rufinelli.

A fines de marzo de 1934, el Mayor José Atilio Migone, Director de la Aviación en Campaña, nombra Comandante de la Escuadrilla de Reconocimiento y Bombardeo al Tte. 1º Isidoro Jara y da de alta a los siguientes Pilotos: Ttes. Carmelo Peralta, Arsenio Vaesken, Orlando Salerno, Netto, Homero Duarte, y a los intrépidos pilotos voluntarios uruguayos Ttes. Luis Tuya y Benito Sánchez Leiton y a los observadores: Tte. 1º José Cándido Ríos, César Corbalán Doria, Tte. 2º Alejandrino Martínez, Rufino Arce, Gonzalo Samaniego Abente y Job Von Zastrow, este último es aquel oficial de Caballería que cuando la caída del Potez Nº 6 en Saavedra, había decidido pasar a la Aviación, conjuntamente con Rogelio Etcheverry, quien se incorporó recién el 12 de agosto de 1934, como observador. Antes había llegado otro oficial de Infantería a incorporarse a la aviación, después de haber forjado su espíritu de soldado en los campos de batalla de Nanawa, cuando apenas salía de la adolescencia, era el Tte. 2º Fabio Martínez.

Fueron nombrados mecánicos de la escuadrilla, Manuel Lenguaza, Raúl Sosa Valdez,, David Demestri, Cayetano Santacruz, Tiro Bogado, Olimpio Ortiz; todos ellos abnegados profesionales, puntales de nuestra cruzada guerrera.

En mayo, la escuadrilla probó su temple en la batalla de Strongest, volando a menos de 50 metros de altura sobre la línea enemiga, haciendo la observación y abastecimiento de agua a las tropas sitiadas.

En el mes de junio de 1934, diariamente se cumplían misiones de reconocimiento, en dos o tres frentes diferentes. A mediados de ese mes, después de efectuar una observación sobre el ala derecha del II CE al mando del Coronel Rafael Franco y ya de vuelta nuestros aviones a su base de partida (Cabezón), descubrieron uña picada, que partiendo de la línea enemiga se dirigía para salir entre el Km. 128 al 130 de la Picada Florida en la retaguardia misma del PC del Cuerpo.

A los dos días de este hallazgo, la escuadrilla dispuso para que dos Potez, tripulados por Homero Duarte como Piloto y el Tte. Zastrow como Observador de una máquina, y la otra, al mando de Arsenio Vaesken y como observador el Tte. Alejandrino Martínez. Levantaron vuelo a las 12 horas de Cabezón para efectuar un nuevo reconocimiento sobre la Picada "W", que interesaba muchísimo al Comando en Jefe.

El tiempo se mostraba cubierto —ofrecía un plafón de 1.200 ms. —, estaban dadas las condiciones para buscar protección en caso necesario.

Una escuadrilla de 4 aviones de caza boliviana estaba sobrevolando la nueva picada abierta, lista para rechazar cualquier intentona de nuestra observación aérea. Cuando nuestros dos Potez se aproximaron al objetivo los bolivianos atacaron con furia arrolladora, trabándose con ellos en una enconada lucha aérea. El combate era desigual, pero los Potez soportaban incólumes una y otra arremetida enemiga; buscaban protección entre las nubes, pero los bolivianos acosaban siempre y entre las nubes, se libró un fiero combate prácticamente a ciegas.

La máquina de Vaesken fue alcanzada por varios impactos y al no poder proseguir la lucha por las serias averías recibida, bajó buscando protección sobre las tropas del II CE, quienes con nutrido fuego hicieron desistir la persecución boliviana. Tal vez recordaron el caso de Toledo, en donde nuestra Infantería derribará un avión boliviano.

Duarte y Zastrow quedaron luchando con las otras máquinas. Vaesken aterrizó en Cabezón 40 minutos antes que la máquina de Duarte y dio parte a su Comandante de lo siguiente: "Antes de comenzar a cumplir nuestra misión, fuimos atacados por cuatro cazas enemigos, combatimos contra ellos para defendernos, buscamos la protección de las nubes para eludir el combate, pero hasta entre las nubes fuimos acosados y ahí combatimos casi a ciegas. Yo fui atacado de muy cerca por dos cazas que me tuvieron entre sus tiros y para salir de esa situación, piqué mi máquina hasta salir sobre el II CE, a baja altura. Los aviones bolivianos me siguieron un largo trecho y si abandonaron mi persecución, creo se debe a que nuestra Infantería, disparó sobre ellos. Así pude llegar hasta la pista".

"A mi parecer, Duarte y Zastrow fueron derribados. Cuando volví para formar nuevamente con ellos, no pude encontrar su máquina. Creo que fueron derribados”.

Momentos después, aterrizó el avión de Duarte y Zastrow. Este último increpó agriamente a Vaesken apenas abandonó su máquina. Lo acusaba de cobarde por haberles abandonado en pleno combate, empleando para ello las más hirientes palabras, cegado por la ira contra el compañero, a quien creía indigno por dejarles solos a merced del enemigo.

Interviene entonces el Comandante de la Escuadrilla y ordena a Zastrow serenarse, advirtiéndole, que en la Escuadrilla no tienen cabida los cobardes y que todo se aclararía debidamente, pero que antes, había que cumplir una misión ordenada por el Comando en Jefe. Se ordena al mecánico M. Lenguaza, que alistará el Potez Nº 13 para una misión de observación aérea.

Ante esto, reacciona Von Zastrow, quien pide e insiste que el Potez Nº 13 para esta misión sea tripulado por Vaesken como piloto y por él como observador, y agregó: "Si fui yo quien acusó a Vaesken, debo ser también yo quien observe ahora su conducta ante el enemigo".

Levantó vuelo el Potez Nº 13, tripulado por Vaesken y Zastrow, de la aeropista de Cabezón.

A las 17 horas estaban de regreso e informaron lo siguiente: "Sobrevolamos la Picada "W", el trabajo de apertura sigue aceleradamente, faltan unos 6 Km. para salir a nuestra retaguardia, no encontramos enemigos sobre esa zona. Terminada nuestra observación seguimos rumbo al Fortín Oruro a buscar combate aéreo. Sentía la necesidad de probar al Piloto Vaesken. De esta aeropista proseguía Zastrow, se levantaron 3 máquinas bolivianas, con quienes poco después entramos en intensa lucha, a tal punto que, en algunos pasajes ni tiempo me dieron de reponer el cargador de mis ametralladoras. Una máquina era la más impetuosa en su arremetida y ordené entonces al piloto a tomar altura para ganar las nubes. Así hicimos, pero al rato no más, otra vez los bolivianos aparecieron, atacando con más furia a nuestra máquina. Nos disparaban ráfagas enteras del cargador. Las nubes dificultaba mucho la visibilidad y había más peligro de chocar las máquinas que caer derribado por los proyectiles. Entre ellos reinó la confusión. A escasa distancia de mi máquina dijo Von Zastrow— pude ver que dos máquinas enemigas se dispararon entre sí, cayendo una abatida por el fuego de la otra. Aproveché la desorientación para indicar a Vaesken, que debíamos regresar a nuestro campo y él quiso continuar el combate. Le indiqué entonces que ya estábamos sin proyectiles, y recién entonces emprendimos el regreso".

Al notar Zastrow que su parte era escuchado con viva atención por varios componentes de la Escuadrilla, terminó diciendo: "Retiro mis acusaciones contra el Tte. Vaesken y confieso ante todos, que es uno de los más decididos y valientes de la Escuadrilla.

Después de unos días de lucha aérea, llegó a nosotros la noticia del sector enemigo, que Pavón, el célebre aviador boliviano, derribó a un compañero de Escuadrilla en combate librado entre las nubes. Creyendo atacar una máquina paraguaya, había derribado a un compañero. El piloto derribado fue — según dicen— su propio cuñado. Por este grave hecho, Pavón fue trasladado del frente de operaciones y enviado a una zona sin actividad guerrera.

Von Zastrow, el nervio y motor de la Escuadrilla, vino así a incidir sobremanera en la caída del "Cóndor de los Andes" y cumplir de esta forma su juramento con Etcheverry en Saavedra, donde vaticinaron la gloria de nuestra arma sobre las alas bolivianas.

Pasó junio con mucha actividad de la Escuadrilla. Llegamos a julio del mismo año. El día 8 se escribe la página más fulgurante de la historia de nuestra aeronáutica militar, que dio lustre y nombrarla imperecederos a nuestra arma aérea.

La Escuadrilla atacó sorpresivamente la base boliviana de Ballivián, donde los bolivianos tenía concentrado 15 aviones, con el objeto de impedir todo reconocimiento aéreo y el posible bombardeo de dicho Fortín, y si se daba el caso, destruirá nuestra aviación en campaña.

Se bombardeó la pista a 400 metros de altura en el momento en que las 15 máquinas bolivianas se aprestaban a tomar campo en diferentes direcciones, para levantar vuelo y enfrentadnos con la inestimable ventaja numérica. Las bombas arrojadas por nuestros Potez que componían la Esc. sobre Ballivián, dejaron en pista once máquinas averiadas y destruidas.

Se bombardeó Ballivián bajo el fuego intenso de la artillería boliviana y se trabó un combate aéreo con las máquinas bolivianas, cayendo abatida la del Cmte. Escuadrilla Mayor Nery y su acompañante Tte. Dorado. Cuatro heridos, o sea, el cincuenta por ciento de nuestra tripulación fue el resultado de este combate aéreo.

Se cumplió el objetivo, los aviones paraguayos se sintieron dueños y señores del cielo de Ballivián. Desapareció la tan comentada supremacía aérea boliviana. Von Zastrow fue el motor y nervio de esta acción aérea, fue el gigante indomable, enloquecido en el cielo de Ballivián. Venía cumpliendo su juramento a Etcheverry.

El día 10 de agosto del 34, el Jefe de Estado Mayor Cnel. Garay, llama al Cmte. de Esc. a la hora 16 en su despacho en López de Filippis, hoy Mcal. Estigarribia, y le entrega la siguiente misión: que es orden del Comando hacer una observación aérea en la zona comprendida entre Bahía Negra y Puerto Guaraní, a 100 Km. margen derecha del Río Paraguay, para hacer levantamiento topográfico de dicha zona, con interés principal de apreciar la naturaleza del terreno (riachos, bañados, esterales, bosques, palmares, campos, cañadones), a más de buscar una picada abierta por el Ejército boliviano, que se dirigía para salir sobre el Río entre Bahía Negra y Puerto Guaraní.

A las 17 horas, ordené al Cap. Peralta que se preparase a cumplir la misión que se recibió del Comando y que le dejaba libertad para elegir su observador. Peralta, pidió que fuera él de observador y el Tte. Tuya de Piloto.

El 11 de agosto, a las 6 horas, el avión Potez Nº 11, piloteado por el Tte. Tuya y como observador el Cap. Peralta, intenta salir de López de Filippis para dar cumplimiento a la orden recibida, y al instante de despegar de la pista, se le hace señas para que la maquina no salga, por notarse fallas en los motores. Una vez probada sobre el caballete de pruebas, se verificó que el magneto 2 fallaba. Se dio parte de esta novedad al EM del Comando, diciéndole que dentro de dos o tres horas se podría cumplir la misión. Garay contestó: "Puede dejar para mañana. Voy a informar al Comando".

Esa misma tarde, Peralta, me consultó si podría llevar de observador al Tte. Etcheverry. El sabía bien que Etcheverry tenía dificultad para seguir como personal de nuestra Esc., pues en varias oportunidades hemos recibido órdenes de nuestro superior directo de invitar a éste oficial que se presentará a su Unidad, que era el RC 3. Nosotros lo teníamos en nuestra Esc. contrariando una disposición de la DQA, que exigía, para ser observador de la Aviación en Campaña, la aprobación de un curso teórico que se dictaba en Campo Grande.

Llegamos a un acuerdo con Peralta, de entrevistar juntos al Gral. Estigarribia para peticionadle la permanencia efectiva en la Esc. del Tte. Etcheverry. El Gral. aceptó complaciente nuestra petición.

La misión quedó para el día 12 de agosto a la hora 6. El avión designado seguía siendo el Potez Nº 11. La mañana era fría y con muy pocas nubes en el cielo. La máquina levantó vuelo lenta pero majestuosamente; una vez sobre el objetivo a observar, comenzó el trabajo minucioso de la misión, se sobrevoló toda la zona Indicada, recogiéndose los datos que interesaba al Comando en Jefe. Al dirigirse más hacia el oeste, es decir, apartándose más del margen derecho del Río Paraguay, encontró una picada que partía de un Fortín Florida y que tomaba rumbo Este, como para salir, de seguir la misma dirección, entre Guaraní y Fuerte Olimpo. Esta picada abierta tenía más o menos 30 Km. de extensión por 6 a 8 metros, de ancho. Veinticinco kilómetros estaban totalmente limpios y transitables, los otros cinco, aún no se habían retirado los árboles cortados, es decir, el desmonte se hizo, no así la limpieza. El avión bajó sobre dicha picada, recorrió toda su extensión sin avistar a las tropas bolivianas encargadas de esta tarea de apertura. De lo observado se dedujo que, el trabajo había sido abandonado.

Cumplida la misión, el piloto ganó altura para regresar a su campo de partida. El observador Tte. Etcheverry, venía ocupándose de encontrar otras novedades del terreno sobre el cual venía volando, descuidando de esta manera el cielo. Y siendo más o menos las 9 horas, un avión Curtis Osprey, atacó sorpresivamente al Potez Nº 11, echándose sobre él de una altura sobre nuestra máquina, disparando una ráfaga de su ametralladora, desde una distancia corta. La máquina recibió varios impactos. El Curtís realizó un segundo ataque, pero ya encontró preparado a Etcheverry, quien disparó cuando las máquinas se encontraban a corta distancia una serie de 20 a 30 proyectiles de su ametralladora, alcanzando con certero impacto el centro mismo del colimador del Curtís Osprey, recibiendo el piloto herida mortal en el rostro. La máquina, tocada, con varios impactos en su motor y envuelta en llamas y humo negro, se precipitó a tierra.

Derribado el avión boliviano, Peralta bajó sobre él. Dio tres vueltas sobre el vencido en homenaje a su tripulación.

A las 8 horas, el Cap. Aponte, director de la Aviación en Campaña, llamó por teléfono de Villa Militar a López de Filippis y avisa que el Mayor Migone llegó para hacerse cargo de la Aviación y que a las 10 horas estarán en López de Filippis e insistió se invite al Tte. Etcheverry a presentarse a su Unidad en el frente, por las razones ya conocidas. Se le contesta que Etcheverry está cumpliendo una misión y que recién a su regreso se le participará la orden de la superioridad. El Cap. Aponte, sorprendido si quien autorizó la designación de Etcheverry como observador. Le contestó: Hemos conseguido con el Gral. Estigarribia su designación al personal de la Esc., Aponte respondió: "Bueno, está bien, pero una vez que regrese, invítele que se presente a su Unidad. Esta es la orden que tengo de la DGA, del Cap. Bozzano".

A las 11 horas regresó de su misión el Potez Nº 11. Bajó gritando Etcheverry: “Mi Capitán, mi Capitán hemos derribado una máquina enemiga". Nadie creía este informe tan alentador, por ser este oficial muy ocurrente y juguetón. Luego, el Cap. Peralta da el siguiente parte. "Hemos cumplido la misión exitosamente". Posteriormente se ratificó en un parte escrito, de la misión cumplida y de la máquina derribada. A las 11 y 20 horas llamé por teléfono al EM del Comando en Jefe para dar parte de la misión cumplida ese día 12 de agosto. El teléfono atendió el Cnel. Garay, a quien se le informa lo dicho por Peralta y cuando se le describe el abatimiento de la máquina enemiga, Garay exclamó "entonces cayó derribado el enemigo". Le contesté que sí. Oí una voz que preguntaba al Cnel. si con quien hablaba. Garay contestó: "El Cap. Jara está dando parte de la misión cumplida". En este instante, escuché una voz conocida, era la del Gral. Estigarribia, quien me dijo: "Cap., repita su informe". De nuevo informé de la misión cumplida por el Potez Nº 11, y cuando me referí al avión boliviano derribado por Etcheverry, dijo el Gral.: "Felicito al Cap. Peralta y al Tte. Etcheverry. El conjunto orquestal de Herminio Giménez les esperará hoy a las 18 horas, para levantar una copa de sidra, en homenaje a este triunfo.

El día 15 de agosto a las 10 horas entregué la Esc. al Cap. Peralta, a inmediatamente salimos con otros camaradas para Puerto Casado, donde llegamos a las 20 horas. Recibo entonces ahí un llamado telefónico del Cap. Peralta, quien me dijo: "Quiero informarte que el avión abatido estaba piloteado por Pavón y como observador llevaba al Tte. Mario Calvo. Así declararon los prisioneros caídos esta mañana en Picuiba. Aquí estamos festejando esta gran victoria —terminó diciendo Peralta—". Nosotros, a bordo del San José, ya de regreso a Asunción, también festejamos el triunfo de nuestra arma.

De esta manera, plegó sus alas el Cóndor de los Andes ante las garras del Halcón Fiero de los Llanos. A veces me pregunto, si cómo fue posible que nuestras frágiles máquinas, endebles y hasta anticuadas, pudieran haber luchado contra las más modernas, mejor equipadas y más veloces de la aviación boliviana. Y más todavía me preguntaba, si cómo enfrentamos a pilotos, observadores y mecánicos bolivianos, formados en los centros americanos y europeos y nuestros pilotos, observadores y mecánicos, nunca salieron de nuestras fronteras para recibir conocimientos profesionales, e hicieron toda la campaña del Chaco solamente con la capacitación recibida en nuestra modesta Escuela de Aviación de Ñu Guazú.

Por todo ello, creo que lo fundamental, lo determinante de nuestro Ejército Nacional, no estaba en la acumulación de excelentes materiales de guerra, ni tampoco estaba en las arcas fiscales y bancarias del país, ni en la capacitación profesional recibida en centros extranjeros; estaba si, en la historia de nuestro pueblo y de nuestra raza, en el aliento nacional que flameó del 32 al 35 en todo el cielo de la Patria, estaba en el amor que el paraguayo profesa a su patria, estaba en el ejemplo de moralidad y patriotismo que recibíamos de nuestro Jefe, el Cap. Bozzano, Director General de Aviación, que vivió los 60 segundos de todos los minutos de los tres años de guerra al servicio de su patria, comprometida en la contienda.