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El Comandante de Concepción en la Revolución de 1947 Imprimir
En octubre de 1926 se recibió de Teniente 2º en la Escuela Militar y dos años después integró la primera remesa de egresados de la Escuela de Aviación. Comandante de regimientos durante la guerra, el entonces Cnel. Yegros era comando de Concepción cuando en marzo de 1947 se sublevó su unidad, fue apresado y comenzó la revolución. Ex Presidente del Superior Tribunal Militar, ex director de la Escuela Superior de Guerra, fundador y primer director del Liceo Militar Acosta Ñu.

¿Qué puede decirnos de sus estudios de aviación, General?

En 1927 el Ejército pidió candidatos para la Escuela de Aviación, diez oficiales para cursos de pilotaje. Nos presentamos dos oficiales y ocho ex cadetes de la Escuela Militar. Cuando la movilización de 1928 fui comisionado a buscar y ubicar posibles lugares para pistas de aterrizaje en Concepción, San Pedro, Casado, Pinasco e Isla Poí.

¿Qué fue de Ud. hasta el inicio de la guerra?

Seguí la aviación y en 1930 fuimos dispersados hacia el Chaco, por no ser de la onda política del momento, más aún después de que Estigarribia fue desplazado de su puesto de Jefe de Estado Mayor, en un hecho ignominioso. A raíz de todo eso, los que no éramos —porque el Ejército nunca ignoró nuestra condición de descendientes de colorados— fuimos marginados de la Capital.

¿Ud. ya se sentía entonces colorado, General?

Una cosa era el civismo y otra la política. Nosotros éramos colorados, pero sin actuación ni conexión con políticos.

¿A quiénes, por ejemplo, se refiere Ud.?

Y a muchos que estaban en mi condición y a oficiales de reserva que pertenecían a la ANR aunque en el cuadro permanente había minoría de oficiales colorados porque ocurre que muchos que pasaban por la Escuela Militar, descendientes de colorados campesinos, no eran políticos y eran absorbidos por el ambiente o se inclinaban por conveniencias del momento.

De su actuación antes de la guerra, ¿qué puede decirnos?

Se creó el primer batallón de zapadores, organizado en Villa Hayes, en 1931 y yo participé de la construcción y prolongación del ferrocarril de Casado. Km. 145 al 160 que alcanzamos el 25 de mayo de 1932. De ahí el Tte. Cnel. Estigarribia me encomendó seguir hacia Campo Esperanza y estábamos abriendo la picada cuando llegan cinco soldados de Pitiantuta por un pique indio e informan de la caída del fortín, que yo de inmediato comunico a Estigarribia A la noche de ese día de junio llegan al lugar dos autovías con Estigarribia y su Estado Mayor y labran un acta en nuestro campamento con los cinco soldados que lograron escapar.

LA GUERRA DEL CHACO

Ya durante la guerra, ¿cuál fue su destino cuando Boquerón, General?

Me dieron la misión de cortar el camino Yucra - Boquerón. Salí con dos pelotones de zapadores, 70 hombres a mi mando y cortamos definitivamente ese camino, para lo cual primero me habían ofrecido el Rgto. Corrales que yo rechacé. La batalla de Boquerón debería ser llamada batalla de Boquerón - Yucra, porque al capturar el fortín, la pérdida para Bolivia fue de 1.000 hombres, mientras que sobre el camino Yucra perdieron ellos 4.000 y eso la historia no recuerda.

¿Por qué se negó Ud. a aceptar el Corrales?

Porque eran tropas que yo no conocía y yo acababa de tener una experiencia desagradable con tropas que no conocía. El día anterior me habían dado un batallón del Rgto. 4 para atacar Punta Brava. Me hice conocer y marchamos hacia Boquerón, por un campo de "jahape" alto. El enemigo nos recibió con furibundo fuego. Felizmente pude manejar la tropa y seguimos, pero muchos iban quedando. Al oscurecer ordené parar, me pedían agua y no teníamos ni una gota. Tomé la ametralladora, puse al lado los proveedores y el tubo de repuesto. Y se hizo el silencio en la noche en toda la extensión de Boquerón. Cansado, me quedé dormido con la ametralladora hasta que desperté y sentí que caminaban delante de mí.

Noté unos bultos, era una patrulla boliviana que, aprovechando nuestro desbande, había salido. Y dispare todo el cargador sobre esos soldados Pido al proveedor que me pase un cargador y nadie estaba. Me doy vuelta, llamo y nadie. Mientras yo dormía arrastrándose hacia atrás, mis soldados se hablan ido todos. Cuando me vi solo en medio del campo tomé el arma y me dirigí al comando, donde estaba el Mayor Fernández, sentado con una herida, y a su alrededor unos 5.000 hombres desesperados. La noche triste de Hernán Cortés habrá sido un jardín de infantes delante de la noche triste de Boquerón. Con palabrotas adecuadas al momento les dije que yo era el último hombre que venía de allá y que había que reorganizar la línea inmediatamente.

¿Y cómo pudieron reorganizarla, General?

Empleando la fuerza empezamos en la noche a reorganizar una línea y esa línea amaneció. En eso me hace llamar Estigarribia para pedirme explicaciones sobre los disparos en la madrugada. Estaba deprimido y demacrado. Le expliqué lo ocurrido y me ordenó presentarme a Fernández, que tenía una misión para mí. Ahí me dijo Fernández que estaban reorganizando el Corrales, que también se había desbandado que me darían la misión de cortar el camino Yucra. Y me negué, hasta que accedieron darme mis zapadores y con dos pelotones cumplí la misión.

¿Qué alternativas tuvo ella, General?

No sabíamos ni dónde quedaba el camino. Sin hacer pique, entramos "a lo mboreví" con la tropa, y en la madrugada del 11, luego de algunos incidentes, cortamos el camino. Cubrimos un pique del lado de Boquerón y cortamos el hilo telefónico. El problema principal era la falta de agua y cuando nuestra situación ya era desesperante, el día 13 cayó un aguacero, con mosquiteros y frazadas embebiendo en el jahape y el pasto y exprimiendo en los jarros, tuvimos agua.

¿Qué participación tuvo Ud. en adelante en la guerra?

Ese día 11 cortamos el camino y cuando el 13 los zapadores fueron relevados, acepté finalmente un batallón del Corrales y continué con toda la campaña de este regimiento. Me tocó abrir el camino Herrera - Arce con dos batallones, pese a la orden contraria recibida del comando del regimiento y con solo doce bajas. Luego comandé un destacamento entre Pirizal y Rancho 8, hasta julio del 33 en que, después de Nanawa, me evacuaron con paludismo. Volví como Jefe de Estado Mayor de la DC 2 y ahí hice la guerra hasta su terminación, excepto cuando el Rgto. Acá Verá no pudo cumplir una orden y me designaron para comandarlo para la persecución que hicimos hasta Oruro, donde, por desavenencias con el jefe de Estado Mayor del Cuerpo y me sacaron del Acá Verá y me ordenaron comandar el Rgto. 10 "Cnel. Oviedo", cuyo comandante Ayala Velásquez había muerto en acción. Con él terminé la guerra y desfilé en Asunción.

FEBRERO DE 1936

¿Participó Ud. del movimiento de febrero de 1936?

Participé, hasta que me di cuenta que era un disparate y me retiré.

¿En qué sentido, General?

Pasó esto: yo comandaba los zapadores en Asunción cuando me avisan del movimiento de tropas en la Plaza Uruguaya, esa mañana del 17. Voy allá y encuentro una compañía de infantería que yo tenía en Viñas Cué bajando del tren, sin que yo supiera nada, lo cual naturalmente me indignó. Y les ordené volver a su unidad. En eso viene el Mayor Recalde, a quien pregunté varias veces que pasaba. Bajé del auto y cuando estaba discutiendo con él llega un oficial con cuatro cadetes y me ordena que entregue mi pistola. Me niego y me dice que el comandante quería verme. Pregunté quién era y no me contestaron. Voy y lo veo al Cnel. Smith. Y cuando él ve que yo me acerco, da vuelta y se va por el paseo de la plaza sobre la calle México. Le sigo y le pregunto qué pasaba, "¿Ud. quiere pasar al otro lado?" me respondió. "Yo no quiero pasar a ningún lado, sólo quiero saber qué pasa" le dije, también en voz alta. Y me dijo que era la continuación del movimiento del Cnel. Franco. Yo le miré sorprendido —Franco lo había evacuado a él del Chaco— y no entendía. En eso caen algunos morterazos y la tropa se dispersa. Pongo orden para evitar una mortandad y me encuentro con mi hermano Fulgencio. Hablamos y decidimos alejarnos, él a su casa y yo a la mía.

¿Por qué los gestores del movimiento no encontraron en Ud. a un elemento útil, dado su carácter antiliberal?

Es que aquello no tenía ningún matiz, nadie sabía lo que se pretendía. A mí me pareció que en ese momento era un error total y que el fin era más bien de desplazar al Gral. Estigarribia.

Pero muchos colorados apoyaron el movimiento.

Apoyaron por una sencilla razón: la concepción política era que, caído el Partido Liberal, necesariamente subía el Partido Colorado: una balanza de dos platillos. Por eso se plegaron los colorados. Pero cuando se dieron cuenta que eso no era gobierno ni cosa parecida, se retiraron.

¿Tuvo Ud. problema triunfante el movimiento?

Me citaron al comando, sobre la calle15 de Agosto, donde fui y encontré en el patio a varios oficiales "hova puku" detenidos. Subí al piso donde estaba Smith cuando se acerca un ayudante suyo que me reprocha no haber ayudado esa mañana, etc. Paso y comienzo a hablar con él comando cuando vienen a decirle que Franco llamaba desde Buenos Aires. Era el día 18. Corrió la voz y todo el mundo se agolpó a escuchar. Y a gritos le decía Smith: "Rotriunfapáma hatekotévé reju. Ape che aiméma comándope". Hablaron largo rato en guaraní y al colgar Smith se da vuelta y dice frente a todos: "¿Peikua'áiko la he'íva chéve: ndoporanduíko jahecha ñaime pora ha máva piko o mano, sino que he'í chéve araka'e piko a juráta". Ahí se empezó a discutir sobre el envío de un avión que había pedido Franco y yo dije que ese avión iba a ser demorado porque la Argentina no había reconocido este Gobierno y lo más razonable era que él (Franco) alquilara un avión allá. Me escucharon de modo que cuando vi la oportunidad y me di cuenta de lo que me había librado, bajé las escaleras y salí, mientras los demás fueron embarcados en una chata a Peña Hermosa.

Caído el Gobierno de Franco, ¿recuperó Ud. su puesto?

Fui designado jefe de distrito de reclutamiento en Concepción y luego ingresé como alumno a la Escuela Superior de Guerra.

¿Cómo vio Ud. la asunción a la Presidencia por el Gral. Estigarribia, en agosto de 1939?

Con buenos ojos, porque yo tenía muy buen concepto de él, aunque yo no tenía muchos conocimientos sobre política paraguaya. Y Estigarribia me agradó mucho en función de Gobierno y fui uno de los primeros en hacer campaña en su favor. Desgraciadamente vino ese accidente.

LOS AÑOS DE MORINIGO

¿Y la venida al poder del Gral. Morínigo en setiembre de 1940?

Cuando eso yo ya tenía más visión. Me nombraron Comandante de la Ingeniería y por varios años trabajé en las obras camineras de la Hebard.

¿Cómo fue sorteando el Gral. Morínigo las muchas conspiraciones que se hicieron contra su Gobierno?

Esa es una historia larguísima, porque si bien muchos fueron fieles a Morínigo, él no le fue fiel nadie. Personalmente yo actué lealmente como comandante de tropa porque nunca quise saber de conspiraciones. Lo consideraba a Morínigo un zorro, así que no me descuidé un segundo de él.

¿Qué opina Ud. del decreto de proscripción del Partido Liberal en 1942?

Fue una gran sorpresa para mí porque el gabinete de Morínigo era de liberales, como Buongermini y otros. El decreto fue producto de la torpeza del partido en el exterior, con una campaña en Buenos Aires que indignó a todos.

Del "tiempismo" en el gobierno, ¿qué impresión le queda a Ud.?

A Morínigo le gustaba gobernar y con grupos militares o civiles amorfos, sin peso político en el país, él gobernaba. Cuando los quería sacar, los sacaba y nadie se molestaba. Fuera del círculo familiar de cada uno, el país no se conmovió absolutamente con sus cambios de gabinete.

¿Cuál era la situación del Partido Colorado en esos años?

Yo no tenía contacto directo con el partido. Tenía sí, mucho miedo de la indiscreción de los políticos. El Partido Colorado desde la llanura, no nos podía prestar ningún apoyo en el Ejército.

Y los políticos eran imprudentes. Con un "fulano ko oime orendive", que nunca faltaba quien oyera, era suficiente para hacer germinar la intriga.

En 1946, cuando se formó el Gobierno entre colorados, febreristas e institucionalistas, ¿qué papel jugó Ud.?

Se pidió el concurso de coroneles para ocupar delegaciones de Gobierno y asegurar la paz. Me nombraron para Paraguarí en octubre de 1946 y allí comenzamos los preparativos de la revolución para los colorados, organizando las milicias.

¿Qué le hizo a Ud., como militar en situación activa, salirse de su status apolítico y embanderarse por un partido?

Porque el país necesitaba de una definición. Se necesitaba un Gobierno como el que quiso hacer Estigarribia, que una vez en el Teatro Granados dijo "Yo voy a gobernar con el Partido Liberal". Y aquí hacía falta que se dijera "Yo voy a gobernar con el Partido Colorado".

¿Qué otros militares, de su rango, mostraban simpatías o eran colorados?

Peso y gravitación tenían Rogelio Benítez, Enrique Jiménez, Caballero Álvarez y yo. Después, nadie más; éramos cuatro nada más, porque antes de la revolución del 47, el Partido Colorado casi no tenía jefes en el Ejército

EL 13 DE ENERO DE 1947

¿Qué participación tuvo Ud. en lo ocurrido el 13 de enero del 47?

Bueno, ese día se dio el golpe. La intención era también desplazar a Morínigo y hacer un Gobierno colorado, pero no se pudo por la adhesión de Enrique Jiménez y de Rogelio Benítez a la persona del presidente. Todo estaba listo, las tropas venidas desde Paraguarí en vehículos de la artillería se concentraron detrás de San Lorenzo y yo las atajé en las calles General Santos y España, cuando la ciudad ya estaba ocupada por tropas de la caballería. "Ordentema rohaaro, mi Coronel" me decían. E hicimos esa noche una reunión en la casa de Natalicio, donde lo llevamos a Enrique Jiménez y además estaban Víctor Morínigo, Leandro Prieto, Federico Chávez y otros dirigentes. Pero no se lo pudo conmover a Jiménez. Entonces don Federico, en un aparte, propuso que yo me hiciera cargo de la División de Caballería, Le dije que sería un grave error. "¿Para qué vamos a sacarle el mando esta noche (al Cnel. Jiménez) si mañana se lo tendremos que volver a dar? Un cambio de comando, así en la oscuridad, no se hace, vamos a pelearnos aquí entre nosotros". Y como el golpe había salido mejor de lo esperado, se consideró prudente esperar, porque esto se había hecho para derrocar a Morínigo, evitar la revolución y anunciar esa noche que el Partido Colorado se hacía cargo del Gobierno y que todo lo que iba a suceder dentro y fuera del Ejército era contra el partido. Para más, Molas López no sé con qué propósito, había ido a buscarlo a Smith a Villarrica, para verlo a Morínigo, de manera que cuando vi llegar a Smith; dije buenas noches y me marché.

¿Cuál era la intención del partido teniendo en cuenta que el Gral. Morínigo prometió convocar a elecciones?

Morínigo prometía muchas cosas, pero hacia lo que quería. Al país no se podía llevar a elecciones en ese momento. Había una situación caótica, los estudiantes por un lado, los comunistas que trabajaban mucho.

CONCEPCION 1947

¿Qué puede decirnos de su nombramiento como comando de Concepción?

Fue una gran sorpresa para mí cuando me nombraron hacia fines de enero. Viajé allá y me llevé otra sorpresa mayor: la enorme cantidad de armamentos que había y que recibí bajo inventario: 11.000 fusiles, 64 morteros, 127 pesadas, 190 livianas, 6 millones de tiros de infantería, con dos regimientos, un batallón de zapadores y uno de escolta, una compañía de ametralladoras pesadas y un batallón de frontera.

¿Cómo encontró Ud. el ambiente allí, General?

Había una gran desorientación, mucha tropa pero sin comando desde hacía tiempo. Me fui enterando de lo que pasaba y de lo que opinaba la oficialidad. Había tres corrientes: la de los oficiales liberales, la de los febreristas y la de los institucionalistas. Cada una conspiraba por su lado y la más peligrosa era la liberal, porque todo Concepción era liberal y ayudaba. Y había contactos con la unidad del Chaco. Se preparaba un golpe como el del 13 de agosto, con tropas del Chaco que bajarían por Pinasco, se acercarían a Concepción y se embarcarían con los sublevados de ahí para amanecer en la Capital, un plan sencillo que pudo dar resultado.

¿Y por qué le parece a Ud. qué no se lo puso en práctica?

Porque cuando nuestro golpe de enero, Obdulio Barthe y su estado mayor comunista que dirigía la operación, venían de una reunión en el norte y bajaban en Concepción. Estalló el golpe de enero y se esparcieron en la zona.

¿Volvió Ud. a Asunción para informar?

Estuve unos 15 días hurgando y para mediados de febrero me vine. En Campo Grande me esperaban Enrique Jiménez y Víctor Morínigo, Ministro del Interior. Viajábamos a San Bernardino a la casa del presidente porque yo les advertí que traía datos muy graves. Hablamos y yo presenté la lista completa de los oficiales comprometidos. Y cuando el presidente fue al fondo de la casa le hice una señal a Jiménez y lo saqué afuera. Ahí le advertí que ese señor (el Gral. Morínigo) ya no me engañaba más. "Yo no sé lo que va a pasar en Concepción, le dije, pero yo no vuelvo salvo que vos me prometas que, ocurra lo que ocurra allá, no te vas a mover de Campo Grande. Si salís de tu unidad ya no vas a poder volver a entrar. Oikokuévo alguna cosa Jiménez, emoinguépaite que chéve colorado kuéra Luque guive, emoinguépaite nde unidápe haeñembohatá chéve upépe. Upéicha añoite aháta". Y me prometió y yo volví a Concepción.

Cuando Ud. hizo la reflexión de que "ese señor ya no me engañaba más" ¿qué quiso decir?

¿Cómo es que entonces estaba todo ese armamento allá y el ejército ignoraba? Porque para sacar un fusil del parque se necesita un decreto.

OBDULIO BARTHE

De manera que Ud. volvió a Concepción.

Volví, pero para desbaratar la revolución. Y empecé a actuar. Hice salir para Asunción, mediante un ardid, al TCnel. Heriberto Giménez, Cmdte. del Corrales y bastante capaz. Días después apareció el Delegado de Gobierno, un señor Bogado, colorado, que tenia la obsesión de capturar a Obdulio Barthe. Me informó que en la estancia de don Blas Aquino, un viejo caudillo liberal, estaba escondido Barthe y me mostró un dibujó panorámico bien detallado donde se veía una vieja pisando un mortero, la que sería Barthe según el autor del dibujo, un supuesto ex compañero de Barthe. Yo sospeché porque era un dibujo de gabinete y me negué porque sospeché que era una trampa para hacerme atropellar la casa de don Blas Aquino, de manera que ahí no pasó nada. El 12 de marzo recibo un cifrado del Estado Mayor de Asunción: "Proceda captura de Obdulio Barthe, quien se halla alojado en casa de una viuda a no más cuatro cuadras estación norte carril". Llamo a Delegado y de inmediato quiere allanar la zona. Le digo que no y enojado me pregunta por qué yo me oponía a la captura de Barthe. Pero yo pensaba otra cosa en ese momento: ¿Cómo de Asunción me decían donde estaba Barthe y porqué el supuesto informante no vino a verme a mí? Además, me molestó profundamente que el comando me tuviera por un policía para ir a capturar a alguien, cosa que yo en mi carrera jamás había hecho. ¿Y sabe cuál era la casa que querían que allanara?, la de la madre del Capitán Araujo, una miserable celada que partió del Estado Mayor a cargo de Díaz de Vivar. Ahí terminó para mí el caso Barthe.

¿Qué impresión tenía Ud. del Capitán Araujo, luego cabeza de la sublevación?

Era un oficial inquieto profesionalmente, pero de pocas luces políticas. Se daba cuenta que no estaba a la altura de un capitán y quería como militar, un mejor porvenir, para él y para otros oficiales del Ejército.

¿Cómo sucedieron los hechos que determinaron la sublevación, General?

Barthe seguía conspirando, pero yo nunca creí y ésa si fue una sorpresa para mi, que él tenía elementos dentro de mi unidad. Recién en la noche del 7 de marzo pude saberlo, porque la revolución era para el partido Liberal y Barthe se apoderó de ella con un golpe de audacia.

¿Qué repercusión tuvo allá la noticia del asalto a la Policía de Asunción, ese mismo día?

Más que un conato de unos oficiales en Belén, había calma. Al mediodía todo el norte sabía lo ocurrido después del comunicado del Gobierno. Estábamos alertas. A la noche se hizo reunión de comandos y unánimemente los oficiales aconsejaron que yo tomara el mando directo de las unidades, ya no por intermedio de los escalafones. Les dije que no, pero insistieron, por lo que tuve que explicar que el Gobierno de Morínigo ya no tenía ni apoyo militar ni de la opinión pública. Morínigo maneja a los institucionalistas, les dije, aunque yo pensaba en el movimiento liberal, el único peligroso. Les dije que todo debía decidirse en Asunción y que fueran a sus unidades. Sucede que yo tenía informes confidenciales de que el golpe se daría el 12 y para entonces se hubieran llevado una gran sorpresa.

¿Qué medidas tomó Ud. la noche del 7, General?

Todas las precauciones posibles. Ordené al gerente del banco que abandonara Concepción con todo el dinero, de manera que cuando estalló la revolución el banco no tenia plata. También esa noche venia el Prat Gill con unos 60 o 70 oficiales presos de Villa Hayes hacia Peña Hermosa. Y como desde Concepción salía la Iris aguas abajo esa noche, yo ordené a este buque no salir, porque yo quería embarcar un pelotón de ametralladora para impedir que el Prat Gill llegara a Concepción, porque sabía que estos oficiales iban a engrosar la revolución. Pero mi propio ayudante, el Capitán Smith, no comunicó mi orden al Delegado y el Iris zarpó sin el pelotón. De inmediato hice instalar a mi hermano, el Capitán Flaviano Yegros, con dos pesadas y un pelotón entre los regimientos 3 Corrales y 2 de Mayo para evitar contactos y desplazamientos entre ambas unidades.

¿Y cómo ocurrió la rebelión, General?

Estando así las cosas me informan que cuatro oficiales habían sido vistos fuera de sus unidades, pese a la orden de acuartelamiento. Los hago buscar y los interrogo. Trato en ese momento de hablar por teléfono con mi hermano y me dicen que había ido a algún lugar; insisto y no me dan con él. Ahí me doy cuenta que la sublevación estaba en marcha. En eso viene un abogado, Brugada, con algunos jóvenes alarmado, y me dice que se haga la defensa de la ciudad, que iría a traer gente. Pero yo no quería tomar civiles sin saber su valor combativo frente a tropas organizadas. También viene el Delegado a pedirme armas para la Policía y le contesto que no se dispararía un tiro y le ordeno concentrar las patrullas en la Delegación. Yo quería dar tiempo a Asunción y decidí parlamentar. Amanecía. Traje al batallón escolta al cuartel y le advertí al Tte. Giménez, su comandante —colorado que después se plegó a la revolución— que le haría responsable si se disparaba. Hacía un calor tremendo y yo esperaba. Estaba convencido que si se empezaba a disparar, se armaba tal alharaca en Asunción que caía el Gobierno y el revolucionario hubiera sido yo. Y de eso me cuidaba.

YEGROS ES APRESADO

¿Cómo se produjo su apresamiento?

Yo dilataba el sumario de estos 4 oficiales y voy a la casa de Bernardo Ozuna, donde yo vivía, que estaba enfrente y aproveché para darme una ducha. Me iba a vestir cuando sentí que me llamaban. Quedé en la oscuridad, porque me iban a disparar si me veían cruzar por la franja de luz que salía del baño. Entraron y reconocí a Araujo con linterna en una mano y la pistola en la otra. Yo estaba totalmente desnudo. Y me comunicó que estaba preso. "Mi situación personal no me interesa, Araujo", le dije, y le ordené que bajara la pistola. Bajó y pude ponerme una ropa. Guardó la pistola a pedido mío Y le pregunté qué pasaba. Y me contestó algo así como que "...nuestros compañeros gimen en las prisiones y que en nombre del pueblo, etc.". Y le contesté: "Sepa Araujo que detrás mío también hay un pueblo y que Uds. van a enfrentar a esta unidad contra ese pueblo". Y en eso oigo un "pe japí katu", detrás mío. Dejo a Araujo y me dirijo a las tropas que estaban en el zaguán del cuartel y ordené que nadie disparara, que yo era el comandante. Entré de nuevo y Araujo otra vez con la pistola. Me vestí y le pedí conversar solos, como camaradas, en el Estado Mayor. Caminamos, le dije que todo podía aún arreglarse y que en ese caso yo no informaría a Asunción. Ahí llega un Subteniente Zavala Cazal, con un piri pipí al hombro, se pone entre los dos y le dice a Araujo: "Mi Capitán, tenemos órdenes de que Ud. no hable más con el Coronel". Le empujé a Zavala y le digo a Araujo: "Ahora entiendo menos; ¿quién es el que está ordenando aquí? ¿Cómo un Subteniente le habla de órdenes a Ud.? Aníque ñañombotavyti, Araujo". "No se apure, me contestó, en él Toro viene quien se hará cargo de la situación". Era el Pratt Gill con los oficiales de Villa Hayes. En eso vienen 5 soldados y vuelvo a ver la sombra de la persona que antes había ordenado disparar sobre mí, pero me impiden acercarme a ella; parecía un civil de sombrero. Llegamos al Estado Mayor, arrancan la línea telefónica y nos dejan incomunicados.

¿Con quiénes y hasta cuándo siguió Ud. ahí?

Con el Cnel. José N. Fernández, mi hermano y el Tte. Cnel. Carlos Domaniczky. Permanecimos ahí hasta el 22 de marzo, en que nos mandan a Peña Hermosa, de ahí en junio al Km. 180 a un campo de concentración, de donde pasamos a Yrendagüe. Me liberaron el 22 de agosto de ese año.

¿Cuál es su impresión sobre el porqué de la demora del Gobierno en dar a conocer la noticia de la sublevación de Concepción?

Bueno, yo no le voy a dar mi impresión sino mi versión. A eso de las dos de la madrugada del día ocho, tuve contacto radial con Asunción y quedamos en hablar a las cinco. A las cuatro y cuarto yo estaba preso, de manera que cuando Asunción llamó le informaron que yo había ido a Belén. Vuelven a llamar a las seis y le dicen que todavía no había vuelto. A las ocho lo mismo, a las nueve que volví pero estaba en el puerto, y así siguieron llamando todo el sábado, todo el domingo y todo el lunes hasta que el martes la radio de la Caballería ordenó que no se tuviera más contacto con Concepción. ¿Y yo quiero saber cómo es que no intuyeron que yo no podía estar tanto tiempo ausente? Pero hay más: a eso de las nueve y media del sábado aterrizó en Concepción un avión NA piloteado por un Capitán Ovando. Se le acercó el mecánico—ayudante y le informó de la sublevación y de que yo estaba preso. Ovando volvió a salir y llegó a Asunción, así que antes de las once de la mañana del sábado el Gobierno sabia lo ocurrido. El domingo al mediodía acuatizó un hidroavión con oficiales, entre ellos "el después General Enrique Sánchez Acosta; bajaron, conversaron con los revolucionarios, labraron un acta y volvieron a Asunción. ¿Y por qué todo el día lunes se siguió preguntando por mí, por radio?.

¿Por qué le parece a Ud.?

Y porque el Gobierno quería ocultar al pueblo colorado la sublevación y hacérsele perder tiempo para que no entraran a engrosar la División de Caballería y las Unidades, como después se hizo.

Terminada la revolución ¿qué destino le dio el Gobierno a su vuelta?

Morínigo me recibió muy fríamente y tuvimos una fuerte discusión. Le dije muchas cosas y él quiso responsabilizarme de lo ocurrido. Después me nombraron Presidente del Superior Tribunal Militar para que yo castigara a los revolucionarios. Se llevaron los sumarios legalmente pero el tribunal no condenó a nadie, máxime cuando se clarificó todo y se vio que el responsable era el Gral. Morínigo, que creyó en el triunfo de los revolucionarios porque su venida a la Capital la preparó el Gobierno en Asunción. ¿Cómo se explica, entonces, que la aviación no vio la concentración de barcos y cómo los informes no dieron cuenta de nada?

Cuando la división partidaria entre guiones y democráticos, ¿Ud. qué era?

Yo era colorado y no entendía, hasta hoy no entiendo, esa división.

EL ASALTO A LA CABALLERIA

¿Cómo ocurrió el asalto a la División de Caballería en abril de 1948, cuando Ud. era Presidente del Tribunal Militar?

En la noche del 20, unos 400 jóvenes colorados, encabezados por Epifanio Méndez y otros, se fueron concentrando desde el oscurecer hacia Fernando de la Mora, entraron a los matorrales con dirección a Campo Grande y asaltaron la Caballería, siendo repelidos.

¿Cuáles fueron las razones de esa acción, General?

Querían sacarlo a Enrique Jiménez, su Cmdte., que apoyaba a Morínigo y a Natalicio, después del atraco a la convención colorada del Teatro Municipal. Pero fue un ataque mal conducido. Atropellaron donde dormían los oficiales y mataron a un subteniente en la cama. La guardia se alertó y las ametralladoras hicieron fuego. Apenas amanecido, Morínigo fue informado y me llamó para levantar un sumario de que "unos ácratas portuarios comunistas" habían atacado la Caballería y de que había muertos. Acudimos y encontramos que no eran ni ácratas ni portuarios ni comunistas y que estaban algunos jóvenes colorados presos. Y como el Rgto. 14 de Rogelio Benítez estaba de guarnición en la aviación, lanzó tropas de represión que capturaron al Mayor José Vicente González, uno de los jefes del asalto. Lo trajeron frente a Benítez quien, en un momento de ofuscación, le pegó con su revólver y le comunicó a Jiménez que lo tenía preso y que se lo iba a mandar a la Caballería. En eso llega Morínigo a la Caballería y Jiménez le informa de la novedad y de que González vendría para la Caballería. Morínigo le contestó en mi presencia que él (Jiménez) no tenía nada que hablar con el Mayor González, como diciendo que no debía llegar a la división. Se ordenó salir un jeep con el Sargento Acuña, un soldado y el Tte. Abraham Salomón en busca de González. El tribunal estaba trabajando y esperó la llegada del Mayor González, pero éste no llegó nunca. Después se publicó un comunicado que decía que en una represión hacia Emboscada fue muerto González con otros. Ordené al médico forense del Tribunal, el Dr. Álvarez, que fuera a levantar el cadáver, pero se le impidió. Yo quise que se comprobara la muerte del Mayor, ya que el tribunal nada tuvo que ver con ella. Después se propaló que yo había ordenado que se lo matara; una vil mentira. Yo me enteré de su muerte recién por el comunicado. Esa es toda la verdad.

 

Fuente:

Entrevista exclusiva con el General Miguel Ángel Yegros Girola – Alfredo M. Seiferheld – Revista Dominical – ABC Color 1979