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General Miguel Ángel Yegros Girola - Director de la Base Aérea de Campo Grande Imprimir
Muchos son aún los sobrevivientes de la epopeya del Chaco, así como de los años previos al estallido del conflicto, hemos entrevistado al General de División (SR) Miguel Ángel Yegros Girola, que egresó con la primera promoción de la Escuela de Aviación Militar de Campo Grande, recibiendo su brevet de piloto de manos del Presidente de la República, Dr. Eligio Ayala, el 25 de marzo de 1928.

Antes de mayo de 1927, nos cuenta el General de División Miguel Ángel Yegros Girola, en nuestro país volaban los aviones que fueron utilizados para la revolución de 1922 y 23. La verdadera escuela de aviación estuvo a cargo del francés Louis Fromont, que era Capitán del Ejército de Francia y Mayor Honoris Causa del nuestro. Fue el organizador, el instructor, el director de la Escuela de Pilotaje, para la que vinieron dos biplanos Hanriot y tres monoplanos Morann Seulnier, de doble comando para el pilotaje inicial.

Antes de mayo del 27 no había escuela de aviación. Los pilotos que entonces prestaban servicio fueron instruidos en el Brasil. Cuando se dispuso que nuestro país tuviese su propia escuela, se remitió una circular a todas las guarniciones militares pidiendo diez oficiales interesados en la aviación. Sólo acudimos dos: José María Fernández y yo. Estaba también un Oficial de Administración, Aponte, y otro de reserva, Morínigo. El resto fue completado con ex cadetes de la Escuela Militar.

En aquella época —sigue relatando el Gral. Yegros— no había casi interés en la aviación. No teníamos una conciencia muy clara de su importancia bélica, pese a que sabíamos de su actuación en la Primera Guerra Mundial. A mí me gustaba la aviación, por haber leído mucho acerca de ella, pero aun así me costaba entender en su verdadero alcance, su importancia en la guerra. Y este era un concepto muy generalizado. El hecho de que del Ejército no hayan salido los diez que se necesitaban para iniciar los cursos, era una prueba de que la aviación no obtenía suficientes adeptos.

Cuando iniciamos los cursos —prosigue el Gral. Yegros— que eran bastante completos por abarcar varias y esenciales asignaturas teóricas y prácticas, se hablaba ya de un posible enfrentamiento con Bolivia. Pero aun así, nuestras instrucciones no tendían a convertir al avión en un instrumento bélico. Se pretendía, entonces, formar un grupo de pilotos como base para otros. Más que en las armas, se pensaba que la solución del diferendo con Bolivia vendría por el lado diplomático.

Nuestro instructor nos hablaba a veces en el casino, pero de una manera más bien informal, de la necesidad de que nuestro país construyese pistas de aviación en el Chaco. Aquella propuesta nos aparecía como una leyenda, porque el Chaco era el gran desconocido para la mayoría.

Nuestra instrucción era bastante severa. Justo con nosotros, se estaban formando cinco mecánicos quienes, cuando estalló la guerra, prestaron muy útil servicio, así como en la paz.

Cuando terminaron nuestros estudios, llegaron al país siete aviones Potez 25. Primero eran seis, porque en el puerto de Montevideo, uno de ellos se accidentó al ser trasbordado. Con posterioridad, la fábrica restituyó el aparato averiado. Esos aviones eran los más modernos como máquinas de observación y bombardeo liviano.

Sinceramente —concluye el Gral. Miguel Ángel Yegros— cuando iniciábamos nuestro aprendizaje, no teníamos conciencia de que alguna vez, en la guerra, la aviación habría de prestar un valioso servicio a la Patria.

 

 

Fuente:

Diario ABC Color, viernes 25 de junio de 1982 - Alfredo M. Seiferheld
Agradecemos al Historiador Aeronáutico Antonio Luis Sapienza F. por la ayuda en la identificación de la aeronave.