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| Segunda Batalla de Algodonal |
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22 DE SETIEMBRE DE 1934 ![]() Exactamente un mes después de la primera batalla de Algodonal, se produjo en el mismo lugar una segunda batalla. Del 22 de Agosto al 22 de Setiembre la situación, perspectivas y objetivos de ambos combatientes habían variado enormemente. En la primera batalla el Ejército Paraguayo avanzaba victorioso persiguiendo a un adversario derrotado, desmoralizado y cuyas filas estaban llenas de reclutas, de muy escasa combatividad. No fue ilógico nuestro triunfo, conquistado en la forma rápida y categórica. En el segundo encuentro, éramos nosotros los que veníamos retrocediendo desde frente a Carandayty; la falta de agua y los enormes efectivos que había concentrado el Comando boliviano en este sector, nos habían obligado a replegarnos en busca de agua y de posiciones más adecuadas para la aplicación de nuestros planes. No cabe duda que esta vez todas las ventajas estaban a favor del Ejército Boliviano que lanzó sobre nuestras Unidades veteranas, muy superiores en número y con excelente espíritu combativo, puesto que se suponían victoriosas ante nuestro repliegue. Además estaban bien armadas y no carecían de víveres, agua, ni municiones. Sin embargo una nueva victoria, casi tan grande, decisiva y completa como la primera, coronó el magnífico esfuerzo de nuestros bravos soldados. Para comprender la magnitud del fracaso boliviano y el mérito extraordinario de la actuación de los paraguayos, es necesario conocer con exactitud el objetivo buscado por el adversario y el plan elaborado por el Coronel David Toro R., el mejor y más prestigioso conductor con que contaba el Ejército Boliviano en ese entonces. EL PLAN BOLIVIANO El objetivo boliviano era copar íntegramente a las fuerzas paraguayas que guarnecían Algodonal y su plan consistía en efectuar un doble movimiento envolvente sobre el fortín, con el propósito de cercar dicha guarnición e impedir la llegada de refuerzos. Al mismo tiempo debían ser amenazados puntos lejanos de nuestra retaguardia, a fin de distraer nuestra atención y obligarnos a dispersar nuestras reservas. Para lograr su objetivo el Coronel Toro formó dos Destacamentos de 1.500 hombres aproximadamente, cada uno, que fueron puestos a las órdenes de los Tenientes Coroneles Rivas y Quiroga. El Destacamento Rivas, partiendo del Oeste de Algodonal, debía efectuar la marcha describiendo un amplio semicírculo por el Sur del fortín, hasta cortar el camino Algodonal-Villazón, mientras que el Destacamento Quiroga debía maniobrar en idéntica forma, pero por el Norte del fortín, hasta cortar el mismo camino, aunque más al Este que el primero. Producidos los cortes del camino y puestos en contacto ambos destacamentos el del Teniente Coronel Rivas debía desplegarse al Oeste (mirando hacia Algodonal) y colocarse a la defensiva, con el objeto de impedir la salida de los paraguayos y del Teniente Coronel Quiroga avanzaría hacia el Este, rumbo a Villazón para ocupar este fortín, si era posible y contener los refuerzos que pudiéramos enviar. Simultáneamente sería amenazado nuestro camino Camacho-Picuiba, a la altura de Garrapatal, operación ya intentada con anterioridad y con resultado desastroso para el adversario, por su Regimiento 40 de Infantería y por una picada recién abierta, más o menos paralela al camino Carandayty-Picuiba, una cuarta columna boliviana debía atacar Laguna La Faye; a retaguardia de Picuiba. No puede negarse que el plan estaba bien concebido. COMIENZA LA EJECUCIÓN DE LA MANIOBRA BOLIVIANA Sobre Garrapatal no pudo accionar el adversario, porque las tropas paraguayas vigilaban atentamente sus movimientos y no se atrevieron a separarse mucho de sus bases, aleccionados con lo ocurrido al Regimiento 40. La marcha hacia Laguna La Faye tampoco prosperó. Nuestra aviación descubrió la picada que venían abriendo los bolivianos y descargo sobre su columna algunos kilos de bombas y varias ráfagas de ametralladoras. Si esta columna hubiera seguido avanzando, lo hubiera pasado mal, porque se la esperaba como para darle un rudo escarmiento. La maniobra principal a cargo de los Tenientes Coroneles Rivas y Quiroga, comenzó el día 20 de setiembre aunque recién al día siguiente iniciaron la marcha convergente hacia la retaguardia paraguaya. En las primeras horas del día 22 el Destacamento Rivas cortó el camino Algodonal-Villazón, teniendo sus Unidades desplegadas, con frente al Oeste, en el siguiente orden: Regimiento 3 de Caballería "Chuquisaca", a ambos lados del camino citado, Regimiento de Caballería 1 "Abaroa", más al Sur del "Chuquisaca", cubriendo el camino de irrupción, el Escuadrón Divisionario al mando del Teniente Arteaga, sobre el camino a La Faye y las Compañías de Zapadores y de Comunicaciones, trabajando para convertir los piques en picadas y tender líneas telefónicas. El Destacamento Quiroga tuvo mayores dificultades en su marcha y salió sobre el camino Algodonal-Villazón, cuando el Regimiento "Chuquisaca" estaba ya destrozado. LOS PARAGUAYOS SE ABREN CAMINO DESTROZANDO AL REGIMIENTO CHUQUISACA Conocemos ya el dispositivo del Destacamento Rivas, cuyo Regimiento "Chuquisaca" obturaba el único, camino utilizable por los nuestros para replegarse. Era pues indudable que si queríamos salvar nuestros camiones y elementos pesados, debíamos despejar ese camino y para lograrlo no había más remedio que destrozar a la Unidad boliviana que impedía el paso. El Comandante de las tropas paraguayas que guarnecían Algodonal tomó sus disposiciones. Su situación era delicada, pues debía asegurar su frente (hacia Carandayty), cubrir sus flancos (Norte y Sur) y atacar al adversario que tenía en su retaguardia (hacia Villazón). Con perfecto orden y rapidez se cumplieron las órdenes y uno de nuestros más aguerridos Regimientos de Caballería, cien veces victorioso, recibió la misión de asegurar y al mismo tiempo romper el cerco en la retaguardia. Enorme misión para un sólo Regimiento. Pero en situaciones peores se habían visto los bravos componentes de nuestra gloriosa Unidad y sabrían triunfar también en esta. La mayor parte de nuestro Regimiento de Caballería fue destinada a cubrir los flancos de nuestro frente de retaguardia, mientras un grupo de Escuadrones se disponía a caer sobre los bolivianos en el mismo camino. Efectuada la marcha de aproximación, los soldados paraguayos llegaron a 50, 30 y hasta a 10 metros de la línea improvisada del "Chuquisaca" dentro del bosque y pudieron oír claramente las órdenes de los oficiales bolivianos, disponiendo que sus soldados cavaran pozos individuales, a 5 metros de distancia unos de otros. A las 10 de la mañana, cuando el ocasional adversario no había tenido tiempo de completar sus ligeras posiciones, cayó sobre ellos una gran cantidad de granadas, que le causó enorme estrago, porque carecían de protección adecuada y ni siquiera podían huir pues todo el sector era barrido materialmente por nuestras ametralladoras. Veinte minutos duró el bombardeo. Cesó el fuego y los nuestros se lanzaron al asalto blandiendo sus filosos y temibles machetes. La carnicería fue espantosa. En medio de los gritos agudos y prolongados que lanzaban los bolivianos, muchos de los cuales habían perdido la razón por la intensidad del bombardeo, los machetes paraguayos seguían cayendo sin descanso, abriendo cráneos o segando miembros. El Teniente Fernando Silva Martínez, Comandante del Grupo de Escuadrones, héroe auténtico y autor de numerosas hazañas, daba el ejemplo a sus soldados, marchando a la par de ellos. Pocos minutos bastaron para dejar abierta la brecha, en la cual fueron constatados 230 cadáveres bolivianos y capturados 150 prisioneros, entre sanos y heridos. Cayeron en nuestro poder centenares de fusiles y 30 armas automáticas. El resto del Regimiento "Chuquisaca" se internó en los montes dispersos. Si tenemos en cuenta que hubo otros muertos que cayeron fuera del angosto frente de ataque, no constatados por nuestras fuerzas, muchos que no sobrevivieron a sus heridas y no pocos extraviados, se llega a la conclusión de que el desastre de la mentada Unidad contraria fue completo. Uno de los prisioneros, un Sargento de larga actuación en la guerra, quedó perturbado varios días y con la obsesión de haber sido atacado por un ejército de diablos. Cuando recuperó la razón dijo que al ver a los paraguayos lanzarse a la carga, machete en mano, saltando los obstáculos con agilidad increíble y avanzando con prodigiosa rapidez, le produjo la impresión de observar una escena infernal interpretada por diablos auténticos. El Regimiento "Chuquisaca'' comandada en ese entonces por el Mayor Roberto Cuellar era una Unidad de afamada reputación del Ejército Boliviano, por eso fue elegida para realizar una operación a todas luces arriesgada. Sus componentes, en general, supieron responder a la confianza depositada en ellos, tanto los individuos de tropa como los oficiales, que cayeron muertos en sus puestos, como el Teniente Edmundo Andrade Reyes Ortiz o prisioneros como los Tenientes Carlos Echeverría y Macedonio Arancibar, varios Suboficiales y los dos centenares de soldados muertos o heridos ya citados. Como un contraste notable a la desacertada actuación de su jefe, citaremos el valiente comportamiento del Capitán de Sanidad Roberto Orihuela, verdaderamente meritorio por tratarse de un no combatiente. El puesto sanitario a cargo del nombrado Capitán, estaba situado a varios centenares de metros de la primera línea, en un amplio poso. Abierta la brecha, nuestros macheteros avanzaron rápidamente para despejar por completo el camino y así llegaron hasta el gran pozo, a cuyo abrigo había sido instalada la sanidad boliviana. Desde el exterior no podía distinguirse lo que había en el interior de la cavidad y como tenía todo el aspecto del emplazamiento de alguna ametralladora o mortero, los paraguayos se detuvieron y ocultándose, detrás de los árboles intimaron rendición a sus ocupantes. El Capitán Orihuela, lejos de acatar la orden, dio un grito de ¡Viva Bolivia! y descargó repetidas veces su pistola, alcanzando a herir en el brazo izquierdo a uno de los nuestros. Esta actitud acabó de convencer a los paraguayos que tenían delante el emplazamiento de algún arma pesada y le dirigieron varias bombas de mano. Cuando los nuestros avanzaron un espectáculo horrible se presentó a su vista, un montón de cuerpos destrozados yacía en el interior del pozo. La actitud valiente pero inútil del médico citado, acarreó su muerte y la de todos los sanitarios, enfermos y heridos que se hallaban en el puesto sanitario. La conducta del Capitán Orihuela y sus deplorables consecuencias, fue motivada por la criminal propaganda que realizaron el Comando y el Gobierno boliviano, relativa a las supuestas torturas y salvajes atentados a que los paraguayos sometían a los prisioneros de guerra. TRIUNFO PARAGUAYO COMPLETO Abierta y ampliada la brecha, el Mayor Feliciano Morales, heroico Comandante de nuestras tropas que guarnecían Algodonal, de brillante actuación en toda la Campaña, ordenó el repliegue de sus hombres, que se realizó en perfecto orden y con todos los elementos, acrecentados con los que acababan de capturar a nuestro ocasional adversario. Recién cuando nuestras fuerzas marchaban hacia Villazón, logró salir sobre el camino la vanguardia del Destacamento Quiroga, pero su aparición era conocida y esperada. Pronto su avance fue contenido y su acción anulada, no logrando impedir que prosiguiera nuestra retirada, tan poco pudo causarnos daño alguno. Así terminó la segunda batalla de Algodonal, casi tan grande como la primera y más meritoria que esta, porque todas las desventajas y dificultades se habían sumado y acumulado sobre los nuestros, pero, con Jefes, Oficiales, clases y soldados del temple de los paraguayos, no hay hazaña que pueda considerarse imposible. |