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| La Artillería Paraguaya en la Guerra del Chaco |
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Sin embargo, desde el principio de las hostilidades, la artillería paraguaya ha contribuido a la conquista de nuestra victoria final. La artillería ha sido un poderoso amparo moral para nuestras tropas de infantería y ha causado serias mellas en la resistencia psicológica de los bolivianos, ha desempeñado un rol importante en muchas de las acciones defensivas y ofensivas. Mencionaremos, en primer lugar, la conquista de Boquerón, posteriormente su actuación en Saavedra, su colaboración decisiva en la defensa de Nanawa, sus efectos en Arce, Gondra, Herrera y en Toledo, más tarde, su participación en Campo Vía. En la campaña del año 1934, su actuación en la retirada de Strongest, en la irrupción del frente en los tres Cuerpos de Ejército, la batalla general de julio. Si bien en la batalla de El Carmen y en su continuación de Yrendagüe y en Picuiba, su actuación fue relativa, esto se debía a la naturaleza de las maniobras. En la campaña de 1935 hacia fines de la guerra y principalmente en el asedio de Villa Montes, hubiera prestado valiosísimos servicios, si contábamos con las imprescindibles cantidades de municiones y si tuviésemos la artillería adecuada por su calibre para batir los objetivos con posiciones fortificadas en la serranía. No obstante, tuvo su prestigio por sus certeros tiros, aunque fuesen como apoyo psicológico. Se recuerda de esto el historiador boliviano - chileno, Aquiles Vergara Vicuña, a la sazón Coronel Artillero, al servicio de Bolivia y quien casi quedó imposibilitado a escribir su historia de la Guerra del Chaco, porque estuvo a punto de ser volado por un obús paraguayo junto con su batería, con la cual pereció su ayudante, en la margen derecha del río Pilcomayo, cerca de Villa Montes. En general, los autores bolivianos se acuerdan con mucho más énfasis, que los nuestros, de la actuación de nuestra artillería y de nuestros morteros. Y es lógico que así sea, puesto que fueron ellos quienes sintieron el impacto devastador de nuestras granadas. Por tanto, hablan con respeto y temor de nuestras armas pesadas que si bien fueron poco numerosas y escasamente dotadas de granadas, hacían impactos eficaces. En este particular, su testimonio tiene valor incontrovertible; puede juzgar mejor que nosotros, sobre los efectos destructores causados por nuestros cañones. ADQUISICION DE PIEZAS DE ARTILLERIA Y PREPARACION TECNICA DEL PERSONAL La adquisición de las piezas de artillería, que tuvieron acción preponderante durante la Guerra del Chaco, se hizo por un contrato suscrito el 20 de abril de 1927, con la casa Schneider y Cía. de Francia. Actuaba como agente de compras del Gobierno paraguayo, el General Manlio Schenoni, durante el gobierno del Dr. Eligio Ayala. El plazo de entrega fue estipulado en dos años y las piezas se constituían de 24 cañones de montaña, del calibre 75mm y 8 obuses del calibre 105mm, con 9.800 proyectiles para ambos calibres y todas las piezas accesorias. El total de adquisición alcanzó la suma de $ 690.780. Con un promedio de 300 proyectiles por pieza, equivalente a tres cuotas reglamentarias, para tres días de combate. Cuando estas armas llegaron al Paraguay, actuaba en nuestro país una Misión Militar Francesa, presidida por el Cnel. Coulet y compuesta de seis miembros. Entre estos, figuraba el Cnel. Langlois, destacado artillero francés y quien se encargó de la preparación de nuestros Jefes y Oficiales de artillería, aún continuando su enseñanza después del retiro de la Misión, a fines de 1930. A este jefe militar, de insigne actuación durante la I Guerra Mundial en su patria, debemos la excelente preparación técnica del plantel de oficiales artilleros, que actuaron con brillo en la Guerra del Chaco. Debemos también a su insistencia, que nuestro Gobierno haya adquirido 24 morteros Stokes Brandt de calibre 81mm., arma entonces resistida todavía por los Estados Mayores de algunos ejércitos sudamericanos. Representa un perfeccionamiento modernísimo. Su utilidad en la contienda, fue extraordinaria, infligió a los bolivianos una sorpresa que gravitó seriamente sobre el desarrollo de los combates, en las primeras etapas de la guerra. Si fuera buena la preparación de los oficiales artilleros y también de buena calidad las piezas de artillería, no fue completa su dotación de Plana Mayor. Faltaban elementos esenciales, como los teléfonos, carros de observación, central de tiro, etc., defectos que no pocos disgustos habían de causar en los primeros combates. Si hubiésemos realizado maniobras en territorio chaqueño antes de estallar la guerra, totalmente nos habríamos familiarizado con los problemas que deberíamos solucionar más tarde, a costa de serios sacrificios. Habríamos organizado el servicio de las piezas en forma adecuada y ante todo habríamos verificado a tiempo la esencial importancia de las buena, cartas topográficas, para el uso eficaz de la artillería, la necesidad de mayor dotación de municiones y de algunas baterías de cañones de campaña. Como se desarrollaron los acontecimientos, fuimos al Chaco a ciegas y nuestra primera maniobra en el terreno, fue también nuestra primera batalla la de Boquerón. El precio de ejercicio de tiros en batalla de importancia vital, es necesariamente elevado. La sangrienta enseñanza la recibimos en Boquerón. Fue nuestra batalla escuela y tuvimos que reajustar nuestras doctrinas tácticas a la realidad chaqueña, frente a un tenaz adversario. La elasticidad mental, la decisión inquebrantable y el optimismo de nuestro conductor, el entonces TCnel. Estigarribia sumada a la voluntad de vencer de los jefes, oficiales y tropas, permitió después del primer choque infructuoso del 9 de Setiembre una reorganización rápida y eficiente, la cual finalmente, 20 días después, condujo a la victoria que imprimió su tónica decisiva sobre el restante curso de la guerra. Esta verdad es válida por igual, para todas las armas y servicios y por ende también para la artillería. La agrupación llamada a intervenir en el inicio de las operaciones fue el GA 2 "Gral. Roa'', puesto que era ésta la unidad artillera de la 1ª División, designada por el TCnel. Estigarribia, para el ataque al fortín Boquerón y del cual se esperaba la retoma por asalto de este reducto. El GA 2, fue creado el 2 de Junio de 1931, su primer Comandante interino fue el Tte. 1° Juan Rovira; al comenzar la movilización, un año después fui nombrado Comandante de esa unidad. El 30 de Julio, asumió el entonces Capitán Raimundo Rolón en el acantonamiento del grupo, en Puerto Casado. El Comandante en Jefe de la 1ª División. TCnel. Estigarribia, acompañado de su ayudante, el Tte. 1º Emilio Díaz de Vivar le dio la posesión del mando. Posteriormente, en Campo Esperanza, empezó un intenso trabajo de instrucción. El grupo disponía de dos baterías Schneider, 75 mm. y una batería de obuses Schneider 105. Disponía el grupo de 15 oficiales y 415 da tropas, en su mayor parte, recién movilizados. Además, 141 albardas, 20 carros, 15 caballos, 135 mulas y 108 bueyes. Dotación, 640 granadas de 75 y 200 de 105. El trabajo preliminar era de instrucción de los sirvientes de piezas y se efectuaron tiros de ejercicio. Sin embargo, por ejemplo en la Orden Nº 14 del grupo, fechada el 11 de Agosto en Pozo Azul. Se recomienda en el inc. d) "Especial atención al cuidado de las mulas (baños, curaciones, embaste, etc.)" como si en el Chaco hubiese agua suficiente para administrar baños frecuentes a las mulas. El choque de nuestras ideas referentes al Chaco, con la realidad, ya se empezó a producir el 8 de Setiembre, cuando después de la marcha a pie, de aproximación (55 kilómetros) el GA 2, había llegado a su emplazamiento entre la Isla Samuhú y el Retén Nº 1, detrás de la vanguardia, sobre el camino viejo de Villa Militar a Boquerón. No disponíamos de agua, mucho menos de cartas topográficas de la zona; nos dieron un croquis confeccionado de memoria por el Tte. Florentín y desde nuestras posiciones, de manera alguna podía ser localizada a ojo el objetivo de Boquerón. Fueron designados observadores del GA 2, los Ttes. Martincich y Florentín. Como Oficial de Enlace con el Comando el Tte. Mora. El Tte. Florentín, aunque de infantería, se le solicitó por ser buen conocedor de 3ª. zona puesto que había servido en el Fortín Boquerón antes de la ocupación boliviana. Nos señaló la dirección en que habíamos que apuntar la primera pieza de la la Sección del Tte. Raúl Fernández y como distancia, indicó 2.500 metros más o menos. Por supuesto, para hacer el reglaje a base de éstos, se planteaba una situación difícil, era poco preciso Además, se revelaba en toda su gravedad la ausencia de elementos de plana mayor, especialmente teléfonos. Así, teníamos que confiar en el azar y organizar precariamente la observación en parte con la cooperación de la infantería y en la medida que lo permitían los elementos con la aviación. El sistema se reveló sumamente deficiente, ya que a menudo recibíamos informes contradictorios, que más bien nos desorientaban. Después de veinte a treinta minutos, nuestros estafetas a pie, al principio, y luego a caballo llegaban con el resultado de los tiros a nuestro observatorio, colocado en un árbol, más o menos a 1.000 metros del objetivo, en la orilla del gran cañadón, desde donde se veía la isleta de Boquerón cuyo borde Este se confundía con la línea fortificada del fortín. COOPERACION DE LA AVIACION CON LA ARTILLERIA Tres días después de la reconquista de Carayá por nuestras tropas, estas se encontraban frente a Boquerón, fortín paraguayo caído en poder de los bolivianos. El Comandante de nuestro Ejército en Campana TCnel. José Félix Estigarribia decidió, previa autorización de nuestro Gobierno continuar la ofensiva hacia el sur y llevarla hasta sus últimas consecuencias. Frente a Boquerón teníamos un Grupo de Artillería al mando del TCnel. Camilo Recalde, quien se hallaba en contacto directo con el TCnel. Estigarribia. Como en tiempo de paz nuestra aviación no había tenido oportunidad ni tiempo para la practica de este importantísimo aspecto de su intervención posible en la Guerra, fue indispensable llegar a un acuerdo personal con señales, mediante el cual la aviación, desde el aire, podía contribuir en la rectificación de los tiros lanzados en los primeros tiempos a la de DIOS QUE ES GRANDE, por la no utilización de este importante aspecto de la posibilidad de empleo de la Aeronáutica, y la falta absoluta de cartas y puntos de referencias en la espesa selva. El TCnel. Recalde y el Mayor Leandro Aponte Cte. del 1er. Grupo de Aviación en Campaña, surgió el siguiente convenio para todos los casos, en los cuales la aviación había de cooperar con su arma para el reglaje de sus tiros. El convenio consistía en lo siguiente: Previa la ubicación del lugar ocupado por nuestra artillería y también del objetivo que ella quería atacar, el avión encargado del trabajo tenía que realizar vuelos en línea recta entre el lugar de emplazamiento de nuestros cañones y su objetivo, para que los artilleros pudieran establecer la dirección. Sobre la vertical del objetivo éste debía realizar repetidos vuelos circulares. Esta operación previa daría a los artilleros la dirección para sus disparos y calculando por el tiempo transcurrido entre pasar sobre la vertical de las piezas de la artillería y sus vuelos circulares sobre el objetivo, teniendo en cuenta la velocidad de la máquina encargada de la operación, los artilleros tenían que deducir la distancia en que se hallaba el blanco. Una vez que el Comando de la Artillería le diera al piloto su ok en el sentido de que todo estaba comprendido y que ya se hallaba en condiciones de hacer el primer disparo. Este debía producirse en el momento en el cual el avión de observación se hallaba en vuelo directo hacia el objetivo el artillero debía hacer su primer disparo. El lugar del impacto era perfectamente visible por el observador aéreo. Si el tiro era correcto en dirección el piloto debía hacer un leve balanceo a uno y otro lado de su ruta. En un segundo pasaje en el mismo sentido, ya el piloto le informaba a su artillero de que su tiro fue largo o corto en alcance. En el primer caso haciendo una subida en “candela” como si se entregase a su ansia de elevarse mucho más en el cielo y en el segundo un pique tan pronunciado cuanto fuese corto el tiro. Si este fue un poco desviado en dirección, el cual poco menos que ya estaba asegurado mediante los pasajes iniciales el aviador inclinaría su máquina hacia el lado en el cual había que hacer la corrección del tiro. Un ejemplo típico y de eficiencia incuestionable fue lo ocurrido después de nuestra retoma de Boquerón. Este suceso de transcendencia incalculable para la marcha subsiguiente de nuestra ofensiva dio fuerza al flamante Cnel. Estigarribia quien pudo convencer a nuestro Gobierno de que hay que ir hacia adelante y dispuso la persecución al enemigo hasta sus últimas consecuencias. Cuatro fortines Ramírez, Lara, Cabo Castillo y Yucra fundados por los bolivianos en torno a Boquerón para que le sirvieran como cinturón de seguridad para mantenerlo en su poder y en todo caso tratar de evitar que el volviese a nuestro poder. Durante el asedio de veinte días de Boquerón por nuestras tropas y los sucesivos choques realizados en el afán de vencer la resistencia de sus ocupantes nuestro 1er. Grupo de Aviación en Campaña constituido por cuatro aviones Potez 25 y tres Wibault 73 había estado informando al Comando Estigarribia de la ubicación distancia aproximada, etc., de dichos fortines que eran como el cinturón de seguridad de Boquerón recientemente recuperado y de cuantas novedades fueron observables en el espeso bosque circundante puesto que cada uno de dichos fortines estaba a cual mejor defendido por magnificas fortificaciones construidas por orden del entonces Coronel Peñaranda Comandante de la IV División que tras nuestra retoma de Boquerón se encargara de la reorganización de sus fuerzas en plena derrota. El Cnel. Estigarribia ordeno el avance de nuestras tropas tras la indispensable concentración en Boquerón y reajuste de las unidades Cabo Castillo era uno de aquellos fortines situados inmediatamente al sur de Boquerón y fue el elegido en ser conquistado en primer término. La misión de ablandamiento de las fuerzas que lo custodiaba consistió en un previo bombardeo por nuestra artillería la cual tema que reglar sus tiros con la cooperación de nuestros aviadores. Ejercía el comando de la agrupación artillera el Capitán Raimundo Rolón, tenía a su cargo una batería de cañones 105 y otra de 75. El Reglaje de sus tiros estuvo a cargo del Tte. Román García, como observador aéreo y el de igual grado Tomás Ruffmelli como piloto en un avión Potez 25. El primer disparo observado resultó largo sometido a la corrección necesaria indicada por el observador, el siguiente tiro resulto corto. El observador aconsejo corregir en un término medio entre el 1º y el 2º disparo. Este dio en “el clavo” cayendo el proyectil en la inmediata cercanía del grupo que se estaba reorganizando para la defensa del fortín en su esperado asalto, de parte nuestra. Fue el 10 de Octubre de 1932. Allí, lógicamente, se produjo un total desbarajuste del lado boliviano y tras brevísima resistencia ulterior “Cabo Castillo” cayó en nuestro poder tras breve pero tenaz resistencia. La pérdida más sentida para los bolivianos en aquella oportunidad fue la muerte del TCnel. Soto Mayor, Comandante del destacamento de la defensa, otros oficiales y numerosos soldados. Durante los tiros de hostigamiento, nuestra infantería estaba maniobrando a bosque traviesa sobre la retaguardia de este fortín, considerado por aquel entonces como el más importante del cinturón de seguridad creado bajo la responsabilidad del entonces Cnel. Peñaranda. Los demás fortines, como consecuencia de este rotundo éxito y nuestro impetuoso avance fueron cayendo sucesivamente tras de haber sido abandonado por sus ocupantes. El desalojo de los bolivianos de las proximidades de Boquerón fue la segunda victoria paraguaya de más alta importancia puesto que el ejército boliviano fue constreñido a retirarse desordenadamente hasta el Km. 11 al norte del fortín Arce. Entonces fue cuando el Cnel. Estigarribia llamó al Capitán Leandro Aponte B. para decirle: Espero que la aviación me ha de mostrar el camino por donde mis tropas podrán entrar en Arce con la menor resistencia. Al día siguiente el Comandante de la Aviación en Campaña se presentó al Coronel Estigarribia dándole los informes resultantes de los vuelos de observación realizados en cumplimiento de dicha orden. COMANDANTES DE GRUPOS DE ARTILLERIA EN CAMPAÑA
Fuente: Libro Bautismo de Fuego de la Artillería Paraguaya en Boquerón - General Brigada Raimundo Rolón Ex-Presidente de la República del Paraguay. |