“Homenaje a todos los muertos, que son los verdaderos triunfadores, pues la ofrenda de sus vidas permitió todos los triunfos militares. No fueron vanos sus sacrificios…”

Coronel Carlos José Fernández Ex-Comandante del I CE, de la 1ra. y 4ta. DI.

Reseña Ejército Paraguayo

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ImageEl Comando en Jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación, instituyó el 24 de julio como día del Ejercito Paraguayo, coincidiendo esa fecha con la del natalicio del Mariscal Francisco Solano López.

Para entender mejor la misión del ejército y evaluar a cabalidad su importancia en el quehacer del gobierno de una nación, es muy importante, conocer su historia, para analizar el escenario de su nacimiento, las peripecias de su desarrollo y la situación actual de su vida institucional

Se cita al Dr. Eligio Ayala, por ser el político paraguayo que en su época, tenía la mayor claridad de los requerimientos de la defensa nacional y de los peligros a que su descuido nos exponían los gobiernos de ese entonces, los cuales hicieron eclosión después de su muerte, como lo prueban los hechos del fatídico año 1931.

Respecto al ejército, decía el Dr. Ayala, "Una nación no vive para tener un ejército; al contrario costea un ejército para vivir, para asegurar la integridad de su existencia y es condición de fortaleza del ejército mismo, la inteligencia, la fuerza moral, el vigor económico de toda la nación. Ha de ser difícil hallar fórmulas sociales que permitan un ejército valiente y pundonoroso en un pueblo de poltrones, anarquizado y arruinado".

Un pueblo que rehúse defender su personalidad, su honor y su independencia, porque prefiere un bienestar epicúreo y sin ideales, no merece vivir. Y la generación que por no disminuir sus ahorros, descuida los órganos de la defensa nacional no merecerá en la posteridad más que el desprecio".

Con el fundamento de las reflexiones de este gran hombre, podemos concluir que el plan y los programas de realizaciones en materia de política militar, expresan en su juicio, que la defensa nacional debe asegurarse ante todo.

El Ejército Paraguayo nació como institución armada al servicio de la patria, el 14 de mayo de 1811, en pleno desarrollo de la revolución de la Independencia Nacional, con su lema, “Independencia o Muerte”.

A la muerte del Dictador Dr. Gaspar Rodríguez de Francia, en 1842, le sucede un Consulado integrado por Don Carlos Antonio López y Mariano Roque Alonso, posteriormente Don Carlos fue electo como primer Presidente Constitucional. Durante su gobierno, específicamente en noviembre de 1855, crea el Ministerio de Guerra y Marina, encargándosele a este órgano, la preparación del Reglamento de las Fuerzas Armadas, Ejército y Marina y su aprobación por el Consejo de Ministros. Su creación responde a la necesidad de sistematizar las tareas encargadas a estas fuerzas, tales como: preparar el presupuesto anual de gastos, proponer el nombramiento, ascenso o separación del cargo del personal, el enlace y las comunicaciones con los comandantes de unidades, sanción y aprobación de planes para impartir instrucción militar y disciplina a la tropa, planes de compra y distribución de vestuarios, menaje, arneses y armamentos, administración de las Cuentas Contables, control y manejo de los Parques de Guerra y manejo y administración de hospitales militares. En el caso especifico de la Marina, se agrega todo lo concerniente al arsenal y astillero nacional. El primer jefe de esta importante cartera fue nombrado, el Gral. Francisco Solano López.

Durante los años 1865 a 1870, se desarrolló la contienda que la nación sostuvo contra la triple alianza, hecho que truncó no sólo el desarrollo socio económico y político del país, sino que también aniquiló al Ejército tan trabajosamente formado y organizado por los gobiernos que se sucedieron desde 1811.

En 1870 la patria estaba extenuada, mejor dicho destrozada, como consecuencia de los cinco años de guerra, su población quedó reducida a niños y ancianos, pues el largo conflicto se llevó a lo mejor de la población madura y sobretodo a los jóvenes, cumpliéndose de esta manera, el visionario vaticinio del Mariscal López, pronunciado en su última arenga al resto del ejército, en la noche antes del martirologio a orillas del Aquidabán, quien pronosticaba el advenimiento de una generación que llevará la derrota en la sangre y en alma.

En la post guerra, el Ejército Nacional se reorganizó en el momento en que el país estaba ocupado por tropas aliadas y hacían su aparición en el escenario cívico, los dos partidos políticos tradicionales. Durante esa época, las fuerzas armadas respondían a la urgente necesidad de sofocar golpes y revoluciones que asolaban todo el territorio de la República, ocasionados por las desavenencias políticas y por la sed de poder de los caudillos de turno.

El primer cuarto del siglo veinte, se caracterizó por la adopción de numerosas medidas tendientes a mejorar la organización del Ejército. Coincidentemente fue una época de graves disturbios políticos, cuyas consecuencias se vieron reflejadas en la cambiante orientación de la estructura militar. Pero lo curioso del caso, es que en el mismo periodo, se registró el inicio de profesionalización del Ejército con la creación del Estado Mayor General.

El 23 de junio de 1915 fue creada la Escuela Militar, comandada por un brillante y austero militar, el Cnel. Manlio Schenoni Lugo, siendo su objetivo impartir educación militar básica, para la formación técnica de los futuros oficiales de las FF.AA. de la Nación. Los gobiernos que se sucedieron durante ese tiempo, perseveraron en la búsqueda de planes y armamentos que aseguren a sus fuerzas enfrentar en condiciones ventajosas el inminente conflicto bélico con Bolivia.

En agosto de 1925 parte a Europa, el Dr. Eligio Ayala, en su carácter de encargado del gobierno para negociar la adquisición de armamentos para el ejercito. El objetivo de que el personalmente viaje, era para viabilizar los trámites con suficiente tiempo, pues como se sabe, estos son largos y engorrosos, aparte hay que aguardar turnos para firmar contratos y luego esperar con paciencia la fabricación de los mismos. En efecto, las partidas contratadas recién fueron entregadas en 1927. El apuro era dar cumplimiento al viejo adagio, “Las guerras se ganan cuando se prepara con tiempo, la organización de los factores de triunfo”. Formó parte de esta misión, el Cnel. Manlio Schenoni, en carácter de asesor militar.

En el año 1926 arribó a nuestro país una misión militar contratada en Francia, para la capacitación de los oficiales del ejército, la citada misión estaba compuesta de seis miembros, especialistas en diferentes armas: infantería, artillería, aviación, caballería, ingeniería e intendencia. Fueron incorporados al ejército en fecha 7 de julio con los siguientes grados: Comandante José Coulet, Jefe de la Misión; Comandante Raoul Langlois, Artillería; Capitán Luis Fromont, Aviación; Capitán Moulin, Ingeniería; Capitán Roulin y en su reemplazo Capitán Detelin; de Intendencia, Capitán Belin y el Sargento Roberto Pommier, como Mecánicos de Aviación.

Ese mismo año fue creada la Escuela de Aviación Militar, que tuvo a su cargo la formación de los primeros Oficiales Pilotos Aviadores Militares y los primeros Mecánicos de Aviación Militar, el Cap. Luis Fromont, fue el oficial a cuyo cargo quedó la formación de los futuros pilotos. El 25 de marzo 1928, egresaban los primeros pilotos y mecánicos de aviación militar. En ese entonces la Aviación Militar, dependía del ejército.

A titulo informativo, ya que la Marina no dependía del Ejercito, pero si de las Fuerzas Armadas de la Nación, en marzo de 1927, durante el gobierno del esclarecido estadista Dr. Eligio Ayala, se ordena la construcción de los cañoneros Paraguay y Humaitá, encargándose al astillero Odero Terni Orlando, de Génova Italia.

En setiembre de 1927, bajo la visionaria idea del Cnel. Art. Camilo Recalde, se crea la Escuela de Aspirantes a Oficiales de Reserva, que en 1932 totalizaban 134 Tenientes 2º de diversas armas. La escuela siguió aportando durante la guerra del Chaco 13 promociones más, con lo cual nuestros oficiales de reserva llegaron a completar más de 1000 Tenientes 2º. Muchos de estos, tuvieron destacada actuación en la guerra y varios llegaron a ocupar cargos de Comandantes de unidades importantes o cargos de relevancia en los Estados Mayores Divisionarios y en las Planas Mayores Regimentarías.

El 13 de febrero de 1928, en la Sala de Conferencias de la Escuela Militar, se fundó el Centro Militar y Naval, siendo su primer presidente el Tcnel. DEM José Félix Estigarribia, luego insigne y victorioso, Comandante en Jefe del Ejército en Campaña durante la Guerra del Chaco. Esta institución privada, con personería jurídica, se creo con la finalidad de estrechar los lazos de compañerismo, del personal de las Fuerzas Armadas de la Nación, promover el interés por los estudios profesionales y desarrollar actividades que contribuyan al engrandecimiento de estas instituciones.

En marzo de 1931 se creó la Escuela Superior de Guerra, con el objeto de instruir a los jefes, militares y navales, en los secretos de la alta estrategia, de la táctica y de la ciencia militar en sus más variados aspectos, la institución se proponía capacitar a los futuros Comandantes del ejército en caso de guerra. La Misión Militar Argentina, tuvo a su cargo la Dirección y la enseñanza de la novel institución, al frente de esta, se encontraba el Tcnel. Abraham Schweitzer.

La Escuela funcionó normalmente durante el año 1931. En 1932 ingresaron los nuevos alumnos y se inició el segundo curso, que funcionó hasta agosto, porque el Gobierno Argentino retiró su Misión, como prueba de neutralidad en el conflicto con Bolivia. A pesar del corto tiempo de funcionamiento su resultado fue altamente fructífero, pues de allí surgieron algunos de los celebres jefes que contribuyeron, con sus conocimientos y pericias, la obtención de nuestras brillantes victorias en los campos de batalla.

En el ámbito de la Guerra con Bolivia, durante el año 1932, se registraron dos importantes batallas victoriosas para el Ejercito Paraguayo. La primera es, la retoma del Fortín Pitiantuta el 15 julio, fecha que marca el hito de inicio de la contienda que durará tres años, la segunda es la retoma del Fortín Boquerón el 29 de setiembre. Si bien, estas batallas tienen poca connotación estratégica, sus resultados fueron muy importantes, pues la primera porque afianzó la soberanía del territorio nacional y la segunda porque su auspicioso resultado sirvió como reencuentro del espíritu ancestral de la raza, menguado con la muerte del Mariscal López en las riberas del Aquidabán Niguí el 1 de marzo de 1870, porque a partir de Boquerón el Ejercito Paraguayo volvió a llevar, en su sangre y en el alma, la victoria, que es el lema impreso en el sable del soldado, “Vencer o Morir”.

Ya en plena guerra del Chaco, el Ejército en Campaña llegó a su máxima expresión, contando con 3 Cuerpos de Ejército con 25.000 hombres, estructurados en nueve Divisiones de Infantería, dos Divisiones de Caballería, Cuatro Grupos de Artillería y dos Regimientos de Zapadores, apoyado por las Direcciones, de Comunicación, de Material de Guerra, de Fortificaciones, Juzgado de Instrucción Militar, de Remonta y la Capellanía. Finalizada la contienda, el Ejército en Campaña fue desmovilizado.

Como consecuencia de ello, las fuerzas armadas sintieron la imperiosa necesidad de reformular su estructura para operar fluidamente en periodos de paz, fue entonces que se decidió la reorganización de la Escuela Superior de Guerra. En efecto, corría el año 1938, cuando el Gobierno convino la venida de otra Misión Militar Francesa, esta vez encabezada por el Coronel Ernest Petit y compuesta por el Tcnel. Pedro Clermont, los May. Augusto Mongin, Luis Feuvrier, Andrés Barbier y Angenot. Esta misión realizó una fecunda labor. Por sus aulas pasaron distinguidos jefes de la época, todos ex-combatientes de la Guerra del Chaco y el fruto de su esfuerzo contribuyó positivamente a profundizar la mentalidad profesionalista e institucionalista de los cuadros de las FF.AA. El 1 de agosto de 1940, egresaban los primeros oficiales de Estado Mayor, totalmente formados en el país.

En octubre de 1940 se crea la Escuela de Aplicaciones, conocida también como la escuela de los capitanes, cuyo objetivo era formar a los oficiales subalternos en las técnicas propias de sus respectivas armas.

En agosto de 1943, se crea el Ministerio de Defensa Nacional, en reemplazo del Ministerio de Guerra y Marina, siendo su primer ministro, el Cnel. luego Gral. Div. Vicente Machuca

En agosto de 1949 se funda el Liceo Militar “Acosta Ñu”, nombrándose al frente a un distinguido ex combatiente de la Guerra del Chaco, el General de Brigada Miguel Ángel Yegros G., con el propósito de promocionar la profesión militar, viabilizando la formación y orientación de los adolecentes paraguayos, futuros custodios de la nacionalidad, con el producto, de un elevado concepto de patria y honor.

En 1950 se reestructura nuevamente la Escuela Superior de Guerra (ESG), y se conviene con el Gobierno de los EE.UU. de Norte América, que la Misión del U.S. Army coopere con la ESG, bajo la dirección de otro esclarecido ex combatiente de la Guerra del Chaco, el General División Fulgencio Yegros G. buscando con ello ampliar el escenario del conocimiento y del profesionalismo de los jefes militares paraguayos.

En agosto de 1968 el Gobierno Nacional reorganiza el Consejo Nacional de la Defensa, estamento gubernamental vigente durante la guerra del Chaco y dentro de este, crea el Colegio Nacional de Guerra, con la finalidad de capacitar a civiles y militares en el arte de gobernar la nación y dar cumplimiento al viejo adagio que decía que la “Defensa nacional, se puede lograr con la pluma o con la espada”. De hecho el ejercito paraguayo tenia sobradas experiencias de la defensa por medio de la espada, pero en contrapartida tenia muy pobre experiencia de la defensa nacional por medio de la pluma, habría que agregar sobre este ultimo principio, que es mas difícil lograr la defensa con la pluma, porque es complejo y cambiante, ya que depende de los cambios políticos, sociales, científicos y tecnológicos que ocurren, hoy día, en forma vertiginosa y en todo el globo terráqueo.

El Colegio Nacional de Guerra se reestructura nuevamente, en octubre de 1999 y pasa a denominarse Instituto de Altos Estudios Estratégicos, cuya misión es la planificación y conducción estratégica nacional, dirigida a funcionarios gubernamentales, a profesionales del sector privado y a oficiales superiores de las fuerzas armadas y de la policía. Los participantes se capacitan para asesorar, en la planificación y ejecución de políticas de estado y en las tareas operativas para ponerlas en ejecución.

En 1991 se reorganizan las Fuerzas Armadas de la Nación, por Ley 74/91, y se crean tres fuerzas: de Aire, de Agua y de Tierra, denominadas, Fuerza Aérea, Armada y Ejército, dependientes del Comando en Jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación, cuyo Comandante en Jefe es el Presidente de la República, quien con su labor coordina las tareas a su cargo por medio de un Comando de las Fuerzas Militares y de un Estado Mayor Conjunto, que hacen las veces de enlace con cada uno de los Comandos de Fuerzas.

Como se puede observar en esta apretada síntesis, las Fuerzas Armadas no se limitan a lo estrictamente bélico. El mundo contemporáneo necesita que ella se ponga a disposición de sus respectivas sociedades para viabilizar el desarrollo nacional y el respeto que se merece en el concierto de las naciones.

Los Ejércitos existen y se adecuan a una determinada realidad, porque son parte de una sociedad concreta; es decir, tienen en todos sus aspectos una relación directa con la soberanía nacional y no son efectivas si no están de acuerdo con la época que se vive y con el equipamiento adecuado. Porque la misión fundamental del Ejército continúa siendo la defensa de la patria, lo que le impone estructurarse y prepararse para enfrentar con posibilidades ciertas de éxito los desafíos y amenazas a la seguridad del país.

La Nación que no se enorgullece de su Ejército y de sus héroes, no merece ser libre, por eso, es merecido y justo rendir un homenaje a aquellos que ofrecieron su sangre y su inteligencia en defensa, engrandecimiento y respeto de la patria.

Por todo esto que se expone y se comenta, la misión de los Institutos Castrenses no es fácil, más aún, en épocas de paz, donde existen sectores que tienden a minimizar o a desconocer el importante papel que desempeña el ejercito, en el mantenimiento de la tranquilidad y orden de la República.

En nuestro tiempo, el hombre de armas debe estar permanentemente informado y capacitado acerca de los progresos de la ciencia y la tecnología, que se ven materializados en modernos y eficientes materiales de guerra, para lo cual están obligados a estudiar sin cesar, de tal modo a estar al día sobre los acontecimientos mundiales en orden militar.

Por eso, siempre será necesario que al brillo de su intelecto, le acompañe lo que en teoría llamamos Moral, condición cardinal de la cual emana la ascendencia del jefe sobre el subordinado, factor indispensable para el éxito en el mando.

Dentro de la concepción moral, está la virtud del sacrificio y del renunciamiento de los intereses individuales, que hacen posible la resignación del soldado en las situaciones críticas de peligro o riesgo a veces de su propia vida, porque ésta debe ser puesta incondicionalmente al servicio del pueblo o de la colectividad, cuantas veces las circunstancias así lo requieran.

Con relación a esta virtud del militar, solía comentar el Gral. Fulgencio Yegros, un refrán de Napoleón, que decía: "Cuando al soldado se le ha envilecido y deshonrado con el palo, poco le importa la Gloria y el Honor de su Patria; más tarde se batirá contra ella si le pagan mejor".

Al analizar este apretado comentario de los avatares de nuestro Glorioso Ejército, se hace propicia la oportunidad para la meditación y el análisis de la importante misión que le corresponde.

No en balde se habla de nuestro glorioso ejército, pues lo avalan guerras internacionales, una con la Confederación de Buenos Aires en 1811, otra contra la Triple Alianza (Argentina, Brasil y Uruguay) de 1865 a 1870 y la tercera contra Bolivia de 1932 a 1935, en las cuales se desarrollaron cuarenta y un gloriosas batallas, comenzando en Paraguarí, pasando por Humaitá, Sauce, Lomas Valentinas, Acosta Ñu y Cerro Corá, Boquerón, Saavedra, Gondra, Nanawa, Campo Vía, Ballivián, Ybybobo, El Carmen, Yrendagüe e Ingavi, para citar solamente las más importantes, pero hay que resaltar que en todas ellas BRILLÓ EL VALOR Y LA BRAVURA DEL SOLDADO PARAGUAYO Y EL GLORIOSO VERDE OLIVO DEL EJÉRCITO.

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Al gran soldado paraguayo

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En sus páginas se nutrirán de fe las juventudes; en sus sacrificios se armará la conciencia de esta nación y en la lejanía del tiempo, en la apacible quietud de sus noches tibias y misteriosas... Se seguirá escuchando el palpitar de corazones de esa generación del año 1932, que dio a la patria como en reverdecer de esperanzas: un Paraguay libre, un Paraguay soberano; un Paraguay que erguido sobre el pedestal de su martirologio en Cerro Corá, alcanzó alturas siderales, como para cubrir todo el cielo de la historia, con la infinita grandeza de una epopeya sin par...!

Dr. Jeremías Penayo

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