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| La batalla de Cañada Strongest en la Guerra del Chaco |
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![]() La batalla de Cañada Strongest, constituye uno de los episodios más importantes de la Guerra del Chaco por los efectivos de ambos ejércitos empeñados en ella y por la misión estratégica encomendada a cada una de las Grandes Unidades que pudieron decidir los destinos de la contienda en favor de uno o de otro. Siendo una batalla desfavorable al Ejército Paraguayo, su desarrollo y epílogo mostró facetas positivas y negativas. Ninguna acción como la de "Strongest" ofrece matices tan variados, hechos tan sobresalientes que rayan hasta lo inconcebible. La parte relativa a la reacción enérgica, rápida y victoriosa que esperábamos de nuestro ejército, se había cumplido, en menos tiempo y en forma más rotunda, quizás de la que pudieron haber previsto y calculado, tanto los observadores neutrales como los bolivianos. Era harto conocida la propaganda, que contaba las condiciones morales y materiales de ambos ejércitos, las características y los métodos del Generalísimo boliviano y por sobre todas las cosas, la serenidad, energía indomable y la capacidad probada del General Estigarribia. La propaganda hecha por Bolivia en aquel entonces, en derredor de lo que ellos llamaban la "Épica resistencia de Campo Jordán" o sea del Kilómetro 7 de Saavedra-Alihuatá, en Noviembre de 1932. Creían los bolivianos antes de la decisiva batalla de Gondra-Zenteno, que habían ganado la guerra en los campos de Saavedra, al contener el avance paraguayo el 10 de noviembre de 1932 e impedir que continuara en el mes de Diciembre. Si bien en la "Épica resistencia de Campo Jordán" las tropas bolivianas no combatieron a las órdenes superiores del entonces Coronel Peñaranda, es lo cierto que el Generalísimo boliviano tuvo principalísima intervención en ese hecho de armas, no solo como ejecutor, sino también por los consejos que dio, los cuales al ser adoptados determinaron la oportunidad, forma y condiciones de la lucha. En aquella ocasión marchaba en punta, en dirección a Saavedra, persiguiendo a los bolivianos, nuestro Regimiento de Infantería 3 "Corrales", cuando al llegar a Campo Ranulfo del Valle (el Jordán boliviano), en la mañana del día 10 de Noviembre de 1932 fue atacado inopinada y brutalmente por la totalidad de las fuerzas contrarias acumuladas en el fortín citado. El "Corrales" hizo frente, a cuerpo gentil, a campo raso, a la columna atacante, que no bajaba de 4.000 hombres. Esta Unidad sostuvo gloriosamente casi todo el peso del choque, si bien es cierto que fue apoyado por una parte del Regimiento de Infantería "2 de Mayo". Esta acción fue una victoria indiscutiblemente paraguaya, pues las pérdidas bolivianas fueron muy superiores a las nuestras y quedamos dueños del campo. Podrá objetarse que no hay tal victoria, puesto que nuestro avance quedó allí detenido. A quienes así argumenten, puede replicarse que la progresión paraguaya se detuvo allí por causas ajenas al resultado del combate campal del 10 de noviembre. Tal es así que los bolivianos hubieran alcanzado el mismo objeto, con muy apreciable economía de vidas y material, con solo colocarse a la defensiva, como lo hizo un mes más tarde, pues contaba para ello con efectivos y elementos suficientes, además de una posición estratégica admirable. Pero lo que interesa es la bondad de los argumentos y pruebas que podríamos presentar a fin de establecer, sin lugar a dudas, que la acción del 10 de Noviembre, es un brillante triunfo paraguayo, sino hacer un estudio comparativo entre este combate y el de Cañada Strongest, para descubrir los métodos del General Peñaranda y poner de resalto su debilidad. En Saavedra pudo verse una masa enorme (teniendo en cuenta la totalidad de los efectivos bolivianos en aquella fecha y el número de fuerzas paraguayas que actuaban en el sector) lanzada con violencia tremenda, en un ataque sorpresivo, con el intento de aniquilar al contrario de un solo golpe. Un año y medio más tarde, otro mazazo igualmente sorpresivo y violento, pero de mayor potencia y envergadura, era asestado en Cañada Strongest con idéntico objetivo. En ningún combate antes de Strongest, tomó el adversario, de una sola vez, tantos prisioneros como en Saavedra el 10 de Noviembre, alrededor de 50, casi todos heridos. En ambas acciones consiguieron los bolivianos vencer la resistencia de nuestra primera línea, a costa de elevadísimas pérdidas, a pesar de la sorpresa, obteniendo así un éxito inicial, para terminar viéndose rechazados. Hay sin embargo, diferencias entre uno y otro combate, además del distinto número de fuerzas empleadas y la importancia de los objetivos perseguidos. Se nota de inmediato en la acción de Cañada Strongest mayor esmero en la preparación del ataque, más previsión y cálculo, en una palabra más inteligencia. Se adivina detrás del General Peñaranda al Coronal David Toro R., quien, sin ser el hombre de acción, cualidad que en Bolivia atribuían al Generalísimo, era más inteligente, capaz y estudioso pero, por encima de esto se notaba la influencia del factor suerte, cuya existencia el mismo Peñaranda confesó, aunque en forma velada, a un corresponsal de la Central Press. Por todo ello el éxito alcanzado por los bolivianos en esta acción fue, incuestionablemente superior al de Saavedra. El número de prisioneros, el material destruido y capturado, compensó en alguna forma el enorme esfuerzo desplegado y el gran sacrificio de vidas, a falta de otras ventajas de orden estratégico y táctico, que fueron nulas. Pasando por alto la cuestión relativa a los efectivos empleados, tanto por el adversario como por nosotros que fueron mayores en Strongest que en Saavedra, lo que explica el mayor porcentaje de pérdidas sufridas por ambos contendores, existe otra diferencia aún entra el primer y segundo combate mencionado. Nos referimos a las consecuencias. Ya dijimos que delante de Saavedra nuestro avance quedó detenido el 10 de noviembre de 1932, no en virtud del ataque boliviano, sino debido a la escasez de tropas paraguayas empleadas en el sector y a la falta de medios de transportes, que nos impedía el rápido traslado de fuerzas de un frente a otro, a cuya deficiencia pueden agregarse otras muchas; puesto que el Ejército Paraguayo en aquella época estaba improvisándose todavía, lo cierto es que tuvimos que hacer alto frente a Saavedra, no solo en Noviembre y Diciembre de aquel año, sino hasta fines del año siguiente. En Strongest en cambio, a pesar de haber demostrado los bolivianos, más capacidad en la dirección y en la ejecución, a pesar de haber obtenido un éxito mayor y de habernos causado más pérdidas, se vieron, en menos de una semana, obligados a detenerse, primero y a retroceder lentamente después, para acabar derrotados. ¿Cómo se explica esto? Es que el Ejército Paraguayo había terminado su improvisación y superado sus deficiencias, los reclutas se habían convertido en veteranos, los oficiales de ocasión también habían adquirido mayor experiencia. Pasado el primer momento de entusiasmo, producido a los bolivianos por la captura de un número desacostumbrado de prisioneros en Cañada Strongest, la comprobación de ciertos hechos, acompañada de reflexión habrá contribuido grandemente a entibiar la alegría inicia. Lo primero en llamar la atención de los bolivianos habrá sido el número de Oficiales paraguayos capturados. En efecto, admitiendo como ciertas las cifras proporcionadas en forma oficial por el entonces Comando Boliviano, encontramos que son 75 oficiales y 1.550 soldados, o sea 1.625 en total, lo que representa 1 oficial por cada 22 hombres y descartando los Oficiales de Sanidad y Administración, siempre queda un Oficial para cada grupo de 25 soldados. Esto significa que en nuestro ejército el cuadro de Oficiales podía competir en proporción numérica con los de los países más previsores y organizados. En cambio, los bolivianos en Cañada Tarija entregaron con un millar de hombres, incluyendo los rezagados que fueron saliendo de los montes hasta varios días después del combate, 7 oficiales, lo que daba 1 oficial por cada 132 hombres. Esta era la desolada situación que se mantenía en el Ejército Boliviano, pero podemos indagar la proporción que anteriormente existía, para demostrar que si bien era pasable, no alcanzaba a ser buena. En la batalla da Gondra-Zenteno se rindieron más de 8.000 soldados con 279 Jefes y Oficiales, o sea un oficial por cada 40 y tantos hombres. Dejamos esta proporción así, sin hacer las reducciones correspondientes, a fin de no perdamos en detalles, ya que en Campo Vía se capturaron Grandes Unidades con sus Estados Mayores y servicios completos, lo que representaba un buen número de Oficiales sin mando de tropa, mientras que en Cañadas Tarija y Strongest cayeren pequeñas Unidades. Los números que anteceden son harto elocuentes y se bastan por sí solos para convencer a los más tercos de la verdad absoluta que encierran estas conclusiones: a) La batalla de Gondra-Zenteno fue decisiva, por haber reducido la eficiencia del Ejército Boliviano en la aterradora proporción consignada, y A nadie escapará la diferencia que la práctica actuación establecerá entre un mercenario que ejerza funciones de Comandante en Jefe, con elevadísimo sueldo y sin peligro alguno para su vida y otro igualmente mercenario que tenga mando de tropa, por ser de grado subalterno y combata en primera línea, expuesto a todas las contingencias y peligros de la lucha, sujeto a un sueldo apenas superior al de sus camaradas ocasionales. Y pasemos a las otras comprobaciones que habrá hecho el adversario a raíz de su "victoria" de Cañada Strongest. Habrán constatado que en nuestro ejército no habían mujeres, niños ni ancianos, que los miles de mercenarios cosacos, argentinos y de otras nacionalidades, tanto de tropa como Oficiales, solo existían en nuestras filas por obra y gracia de la propaganda boliviana, pues todos los prisioneros tomados de todas las jerarquías eran paraguayos, que nuestros muchachos robustos y en la flor de la edad, aún tomados en malas condiciones, aislados, sin municiones, agua, ni víveres, eran "duros de pelear". Conocemos ya el método del General Enrique Peñaranda, el del ataque brutal y violento como un mazazo. Comparémoslo con el del General José Félix Estigarribia. Observando atentamente lo ocurrido en una de las batallas más grande de América, como Gondra-Zenteno y en otras menores, no encontramos nada parecido a un golpe de potencia aniquiladora. Al contrario, se habrá visto algo que se asemeja mucho a la debilidad y lentitud combinadas. Ya que el método de nuestro Generalísimo puede compararse con la creciente de un río. Al principio lo único que se nota es la lluvia, que provoca un aumento del caudal de agua y de la rapidez de la corriente (acumulación de fuerzas y elementos y comienzo de la presión en el sector o sectores atacados), después el río sigue creciendo, sin violencias ni ímpetus arrebatadores (sostenimiento callado, pero firme de la presión), hasta el nivel del agua llega al límite máximo, o sea la parte más alta del cauce y el río se desborda, arrollando las aguas todo lo que encuentran a su paso (rompimiento de la línea y rápido e inconveniente avance por la brecha abierta) finalmente las aguas cubren una enorme extensión de tierra, cesa la violencia de la corriente y puede verse en las pocas alturas, rodeadas del líquido elemento, a los pobladores y vecinos que no podrán salvarse sin auxilio extraño (cerco y rendición de los asediados). Si estábamos o no?, en presencia de una de las avalanchas incontenibles del General Estigarribia.... lo explican, los acontecimientos posteriores. Por de pronto nos basta saber que el mazazo de Cañada Strongest no aportó a los bolivianos ventaja alguna, ni como operación de desgaste, pues tuvo más pérdidas que nosotros, fue detenido y rechazado. Mientras tanto la progresión de nuestro ejército era general en todos los sectores como lo anuncia el comunicado oficial Nº 426 [1] señal inequívoca de que el golpe del contrario no sirvió de valla al operativo de los contendores. LA SITUACION MILITAR En menos de quince días habíamos descontado todas las ventajas alcanzadas por los bolivianos en Strongest y superada nuestra situación anterior. Transcurrieron quince días desde que se produjo la acción que los bolivianos han dado en llamar "la victoria de Cañada Strongest" y su situación militar, lejos de habar mejorado, se había vuelto más ambigua y peligrosa. Lo primero que en este caso, como en todos los similares, cabe buscar las ventajas que la tal victoria, ha producido a quienes pretendan haberla logrado, pues resulta demasiado lógico y sabido que las victorias se buscan y obtienen para explotarlas sacándoles todo el provecho posible. La ofensiva boliviana, cuidadosamente preparada y ejecutada con gran acopio de efectivos y elementos, no logró su objetivo, contando en su favor con factores tan importantes como la suerte y la sorpresa, más que un éxito local y parcial, que se ha traducido en la captura de algunos cientos de prisioneros, de una pequeña cantidad de material bélico y en la conquista de muy pocos kilómetros de terreno a costa de elevadísimas perdidas. Es bueno aclarar que en la batalla de Cañada Strongest había caído solo un Batallón comandado por el ilustre Capitán Joel Estigarribia, cubriendo la retirada de la 2da. y 7ma. Divisiones, el GA 1 y todo el material de transmisiones, logística y sanidad. El éxito inicial no pudo ser explotado. Tal es así que el adversario no logró apoderarse de las iniciativas de las operaciones y en el corto tiempo de dos semanas, se vio contenido y rechazado, perdiendo las escasas ventajas, que a tan alto precio pagara. Al decir ventajas perdidas nos referimos a todas, inclusive a las de orden moral. En vano pretendieron los bolivianos magnificar las proporciones de su triunfo. Han hecho y podrán continuar haciendo malabarismos con las cifras de prisioneros, fusiles y armas automáticas que la buena suerte (por única vez en la guerra) les deparó; pero, no se han atrevido a informar oficialmente que entre el material capturado figurara ni una sola pieza de artillería. Y siendo así, no es posible que ninguna persona medianamente entendida en cuestiones militares pueda dar crédito a los partes oficiales de Peñaranda, quien previendo haber derrotado a todo el Primer Cuerpo de Ejército Paraguayo, obligando a huir, desbandadas por los montes, a nuestras Divisiones 2da. y 7ma. Se explica que pequeñas Unidades, como Batallones y aún Regimientos, carezcan de artillería (aún la de acompañamiento) pero no es posible hacer creer que Divisiones y muchos menos Cuerpos de Ejército dejen de tenerla. En nuestro caso, suponiendo que el Paraguay solo contara con los treinta y tantos cañones tomados a los bolivianos y siendo el Primer Cuerpo uno de los tres en que se divide nuestro ejército en campaña, según Peñaranda, es razonable atribuir a esta gran Unidad por lo menos diez piezas. ¿Cómo pudo nuestro Primer Cuerpo, dispersado y huyendo por los montes, salvar su artillería? Esto es lo que hubieran pedido los observadores neutrales que se les explique. Por nuestra parte afirmamos categóricamente y desafiamos a que se nos desmienta, que el adversario no capturó en Cañada Strongest, ni en otra parte en todo el curso de la guerra, ni una sola pieza de artillería paraguaya ni las de venidas a nuestro país en tránsito por Bolivia. Y la razón es muy sencilla, los bolivianos no habían logrado derrotar en tres años de campaña a ninguna Gran Unidad Paraguaya. Todo lo demás era "inflar el perro", tarea a la cual se dedican con ahínco la prensa boliviana y la radio Illimani, vigentes en el altiplano de entonces. Acabamos de afirmar que el adversario, a raíz de la acción de Strongest no alcanzó la iniciativa y en menos de dos semanas se vio restringido y rechazado, perdiendo las escasas ventajas que a tan alto precio pagara. El costo elevado de la "victoria" está comprobado con el apresurado llamamiento de las reservas bolivianas, correspondientes a los años 1915 y 1916, que representaban de 8.000 a 10.000 hombres. Suponiendo que una parte solamente del contingente obtenido con este llamamiento haya sido destinado a llenar claros, queda siempre un margen apreciable para calcular el monto de las pérdidas. La escasa importancia del éxito boliviano, surge en forma clara y rotunda el giro imprimido a las operaciones por la reacción paraguaya: decidida, enérgica y rápida. El resultado de la acción en Cañada Strongest hizo concebir al Comando Boliviano la idea de marchar sobre Camacho. Quizás, engañado por los partes e informes de sus inferiores que creyó que nos había derrotado y mientras la mayor parte de sus Unidades se estrellaban ante nuestras tropas que le cerraban el paso hacia Campo Jurado, a caballo sobre la picada denominada Lóbrega, envió a su 3ra. División rumbo a Camacho, por un camino que arrancaba de las proximidades de la Cañada Strongest y se dirigía al S.E. Esta División pronto halló resistencia y fue enseguida destrozada, perdiendo su parque, intendencia, sanidad todos sus camiones, armas pesadas y livianas sufriendo centenares de bajas. No paró en esto la reacción paraguaya. Nuestras tropas que se mantenían a la defensiva sobre la picada Lóbrega iniciaron una fuerte presión, que se resolvió en una progresión constante hasta alcanzar nuevamente la Cañada Strongest, sobre la cual fue empujado el adversario. Nuestro avance no se detuvo en las antiguas posiciones de Strongest. El día 29 de Mayo fue destrozada la 3ra. División boliviana y para el 6 del corriente mes nuestras tropas llegaban a Cañada El Carmen, situada al N.E. de Strongest, lugar no alcanzado antes de la "victoria" boliviana. Del triunfo conquistado por nuestros bravos e incansables muchachos en El Carmen, da cuenta el comunicado oficial Nº 428 [2] del Ministerio de Defensa Nacional. Estos datos son harto elocuentes y bastan para justificar los límites al que hemos reducido el éxito del adversario en Strongest de carácter puramente local y parcial. No queremos dar fin a este comentario sin dejar constancia y hacer conocer el comportamiento eficaz, decidido y heroico de nuestra aviación en los momentos álgidos del combate de Cañada Strongest. No era un secreto para nadie las dificultades enormes que encontraban y debía vencer la aviación paraguaya para llenar su cometido. Pues bien, haciendo frente a todas las condiciones adversas que es dable imaginar, nuestros valientes pilotos, cumplieron misiones arriesgadísimas, acompañaron en todo momento a las fuerzas de tierra y expusieron sus vidas numerosas veces. Aviadores hubo que con el aparato acribillado a balazos, con dos y más heridas en el cuerpo, se negó a ser reemplazado y volvió a volar sobre las líneas bolivianas, para regresar a su base con más proyectiles en la máquina y en el cuerpo. Que el reconocimiento nacional sea para todo el Ejército de aire y tierra, de guerra y servicios, Jefes, Oficiales y tropas. Todos han cumplido con su deber y seguirán cumpliéndolo. PARTES DE GUERRA
La progresión de nuestras tropas es constante, en varios sectores del frente de operaciones. Asunción, 2 de Junio de 1934. [2] Comunicado Nº 428 Nuestras tropas, prosiguiendo su avance, han derrotado en el sector de Cañada El Carmen, fuerzas enemigas, obligándolas a replegarse desordenadamente, abandonando sus muertos y algunos elementos. En los demás sectores, sin novedad. Asunción, 7 de Junio de 1934. |