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La conquista de Magariños en la Guerra del Chaco Imprimir

Con la destrucción de gran parte del Ejército Boliviano en la gran batalla de Gondra-Zenteno (Campo Vía), comenzaba una nueva etapa de la guerra.

En adelante ya no se veía a dos ejércitos que luchaban, sino a un ejército que avanzaba empujando al otro, improvisado, hacia el verdadero límite del Chaco.

Perdía el tiempo nuestro ocasional adversario al prolongar la guerra, simulando capacidad militar para sostenerla, y lo peor es que sacrificaban vidas y comprometían el porvenir de su patria, sin lograr engañarnos.

Lo evidente es que el ejército invasor había sido destruido. La oficialidad de línea, la más apta

y gran parte de la de reserva preparada durante la paz, había perecido o se halla prisionera en nuestro poder; la mejor tropa, la más trabajada, la que había conseguido aclimatarse en el Chaco, había desaparecido también. Y en estas condiciones la prolongación de la guerra era un crimen.

 

La suerte adversa de las armas había obligado a los bolivianos a mantener dos frentes con su Primer Cuerpo de Ejército, se hallaban en las proximidades de Magariños y La China, los cuales no estaban incomunicados, aunque sí la falta de un camino directo que los uniera, hacía necesaria la utilización del único existente, que formaba un gran ángulo, cuyo vértice era Las Conchitas.

Para comprender bien esta dificultad téngase presente que de Las Conchitas a Magariños había 117 kilómetros y a La China otros 125 kilómetros, o sea un total de 242 kilómetros, casi exactamente el triple de distancia que en línea recta medía entre Magariños y La China. Esta circunstancia debía permitir a nuestro Comando operar separada y descansadamente contra ambos sectores.

Los bolivianos aprovecharon la tregua que le concedimos en Diciembre de 1933 para realizar enormes y bien dirigidos trabajos de fortificación,  acumulando todos los hombres y elementos que pudieron, contando detenernos definitivamente en La China y Magariños.

Aquí habían construido los bolivianos una extensa línea de trincheras, de 32 kilómetros aproximadamente de largo, en forma general de arco muy abierto. Su ala derecha llegaba hasta las proximidades del río Pilcomayo, cuyas orillas se hallaban inundadas en la fecha indicada.

Esa inmensa obra defensiva fue trabajada a unos 11 kilómetros antes de llegar al fortín Magariños y era una de las más perfectas y acabadas de las ejecutadas por el adversario en todo el curso de la guerra. La seguridad para los sirvientes de armas automáticas y fusileros era absoluta. Se notaba inmediatamente que se tuvo en cuenta la escasa moral de la tropa que debía cubrirla y se trató de infundirle valor mediante el convencimiento de que no sería alcanzada por el fuego paraguayo.

Los 13 Regimientos bolivianos identificados, demostraban que el sector estaba cubierto por 6.000 hombres, ocupaban las trincheras, el borde de un monte que llegaba hasta Magariños, monte cuyos árboles se hacían más grandes y parecidos a los de la Región Oriental; a medida que se  aproximaba al Pilcomayo.

Desde Puesto Moreno hasta las posiciones enemigas, alrededor de 20 kilómetros de distancia, había un gran aromital, sucio, espinoso y en partes anegado por las recientes lluvias.

Tal era el terreno que ocupaban nuestras tropas y por el cual debían avanzar pero,  hay algo  más aún, todas las posiciones bolivianas estaban mimetizadas en forma admirable. El aromital fue talado delante de ellas, en toda su extensión y en una profundidad de 200 metros, formando un excelente campo de tiro.

Delante y a todo lo largo de la línea donde terminaba el campo de tiro, construyeron numerosos reductos avanzados, unidos a la posición principal por zanjas de comunicación.

Queda justificada nuestra afirmación de que las tropas bolivianas habían trabajado  mucho y bien. No hay duda que su propósito era detenernos allí definitivamente.

Por último, la extensa línea estaba bien cubierta. Calculando que de los 6.000 hombres, 1.000 estuvieran destinados a los servicios, los 5.000 restantes eran combatientes y podían ser colocados a 6 metros y 40 centímetros de distancia los unos de los otros.

La situación del Ejército Paraguayo el día 10 de febrero, fecha que había comenzado la acción de nuestras tropas contra el sistema de fortines y posiciones formado por el adversario en La China, China Nueva, Jordán y Tortuga.

Iniciada la operación nuestro Comando se percato que los bolivianos trasladaban fuerzas desde el sector Magariños a La China, realizando un enorme esfuerzo, dada la gran distancia, que los separa y ordenó, en consecuencia, a la gran Unidad nuestra que se hallaba delante del primero de los sectores mencionados, que iniciara una fuerte presión, con el objeto de amarrar al contrario y evitar que siguiera efectuando traslados de tropas.

El día 10, en cumplimiento de la orden expresada, iniciamos la progresión por el sucio aromital, en toda la extensión de la línea descrita.

En la mañana del día siguiente, 11 de febrero de 1934, conquistamos varios de los reductos avanzados. Para el mediodía los éxitos alcanzados y datos obtenidos convencieron al Comando de la gran Unidad, es decir al III Cuerpo de Ejército que aquí operaba, que los bolivianos seguían sacando fuerzas del sector Magariños y dispuso que inmediatamente se intensificara la presión a fin de que el amarre fuera efectivo.

Una operación de amarramiento en nada difiere de un ataque, en cuanto a su forma, pero es distinto el objetivo perseguido. Con ella se trata de dar al contrario la impresión de un ataque formal, de un peligro real e inminente y obtener así que conserve en el lugar la totalidad de sus fuerzas, para conjurar una situación delicada. Tal era nuestro propósito.

Sabemos que para el medio día del 11 de febrero, en vista de que el adversario no "respondía" a la operación de amarre según nuestros deseos, se dio la orden de intensificar la presión. Era necesario convencerlo de que ejecutábamos un ataque verdadero.

En cumplimiento de la orden, nuestras tropas tomaron un breve descanso y se dispusieron a seguir adelante, con intención de hacer algo más positivo que la conquista de los reductos avanzados, iban resueltos a llegar hasta la misma posición principal.

Los soldados al enterarse del nuevo esfuerzo que se les exigía, rápidamente concretaron las órdenes dadas y la finalidad perseguida en estas pocas palabras "Yahá ñamondy´i tuichá umi abá" (Vamos a asustarles grande a esos indios). Y esa era la verdad: se hacía necesario un susto de grandes proporciones en vista de que el pequeño no daba resultado.

En el centro y a ambos lados del camino a Magariños se hallaba una de nuestras más briosas y aguerridas Unidades de Infantería, la 1ra. División. La presión debía ser general en todo el frente aunque más fuerte en el centro.

A eso de las 2 hs. de la tarde iniciaron nuestras tropas el avance apoyado por un regular fuego de artillería. Iban los soldados tomando toda clase de precauciones, para cruzar el despejado y limpio campo de tiro mencionado, agachados o arrastrándose, a fin de aproximarse todo lo posible a la línea boliviana. Pronto los tiros altos y poco eficaces que recibían advirtieron a nuestros veteranos la mala calidad de las tropas que tenían delante. Las precauciones, primeras fueron olvidadas.

El avance fue acelerándose a medidla que la distancia disminuía, ya nadie se arrastraba y pocos marchaban agachados. Cuanta diferencia entre esto y las acciones anteriores, esto era un juego de niños comparando con los terribles combates y batallas de Toledo, Herrera, Francia, Zenteno, Falcón, Campo Aceval, Rancho 8, Gondra, Pirizal, Nanawa, etc.

De pronto calan bayonetas, todos se incorporan, en rápida carrera se lanzan adelante y caen como una tromba en las trincheras  bolivianas.

Nos estamos refiriendo al avance de la fracción de nuestras fuerzas que cubría el centro a ambos lados del camino. Las demás tropas cumplieron la misión de amarre aproximándose hasta muy corta distancia de las posiciones contrarias.

La irrupción de nuestra fracción del centro en la línea adversaria, ocasionó la rotura del frente en una extensión de 300 metros aproximadamente.

El Comandante de la Unidad autora del rompimiento, Teniente Coronel Carlos José Fernández, trató de explotar el éxito alcanzado y rápidamente hizo colocar un Batallón en cada extremo de la parte rota hasta formar un callejón por el cual introdujo el grueso de las tropas a sus órdenes.

La franja blanca que aparece en el esquicio, limitada por dos líneas paralelas, que representan la colocación de los Batallones destinados a formar el callejón, intercalada en la franja negra, indica con claridad y exactitud, la parte de la línea contraria rota con tanta facilidad.

 

Asegurado el paso, el grueso de la Unidad allí ubicada, emprendió el avance hacia el fortín dejando tropas escalonadas a lo largo del camino, acelerando la marcha todo lo posible, para evitar que la noche malograra el buen comienzo de la operación.

No obstante, la oscuridad y la circunstancia de hallarnos en terreno desconocido, nos obligó a detenernos a 6 kilómetros de la línea rota y a menos de 5 kilómetros de Magariños.

Esto constituía un record de velocidad y audacia, pues no debe olvidarse que el avance fue iniciado a las 2:00 hs. de la tarde, siguiéndolo el amago convertido en ataque. Enseguida hubo de formarse el callejón referido y la columna de marcha, para luego avanzar 6 kilómetros en terreno desconocido, dejando miles de adversarios a retaguardia. Cualquiera calcularía un día de tiempo para la ejecución del trabajo, como mínimo y sin incluir contratiempos. Sin embargo, nuestros bravos muchachos dieron cima a la empresa en 5 escasas horas.

La magnitud del esfuerzo realizado sube de punto, si pensamos que nada de lo ocurrido estaba previsto ni preparado de antemano. Esta parte de mérito se lo cargamos íntegro en el haber del Comandante de la Unidad y de los Jefes y Oficiales, que tan admirablemente condujeron a la tropa.

La rotura del frente contrario y avance veloz de una de nuestras Unidades fue un extra, imprevisto, algo fuera de programa y no pudo hacerse llegar la novedad desde la primera línea de esta Unidad al Comando del III CE que actuaba en ese sector y las órdenes de éste a las demás Unidades, antes de que llegara la noche. Por eso no pudo coordinar a tiempo una acción conjunta, para explotar debidamente el éxito alcanzado.

Tan rápido e inesperado fue todo, que ni el adversario se percató de lo ocurrido. A ambos lados de la parte rota, continuó en las posiciones, ignorando la peligrosísima situación en que se hallaban. La oscuridad de la noche y la anticipación con que recibieron la noticia, ya que sobre nosotros contaban con la ventaja de no haberse movido de sus posiciones, les favoreció y pudieron huir, sin dejar otra cosa que sus muertos y algún material, entre el cual un centenar de fusiles, casi todo correspondiente a la parte en que se produjo la rotura.

CAE EN PODER PARAGUAYO EL FORTÍN MAGARIÑOS

Al día siguiente, 12 de Febrero, antes de amanecer, proseguimos el avance, sin encontrar resistencia y en las primeras horas de la mañana ocupamos Magariños, cuyas casas habían sido incendiadas. Inmediatamente se organizó la persecución a las tropas bolivianas.

El Coronel Francisco Brizuela, Comandante del III Cuerpo de Ejército, se adelantó en camión a las patrullas descubierta y fue el primero en entrar a la hermosa Estancia Laguna, situada a 17 kilómetros del fortín. Al llegar a las casas de la estancia el camión, un vigía boliviano descendió del árbol en que se hallaba, en la parte en que el camino se interna en el bosque en dirección a Linares y unido a una patrulla oculta al pie del árbol, hizo fuego sobre el camión. De éste se les contestó con armas automáticas y con rapidez el vehículo se les fue encima. Los componentes de la patrulla, habían demostrado muy mala puntería al no herir a ninguno de los nuestros, ni siquiera alcanzar al camión; luego se internaron en el monte.

Esa noche nuestras patrullas adelantadas pernoctaron a 30 kilómetros del fortín, lo que representa una marcha de 35 kilómetros en 14 horas. No en balde, el susto que les dimos la tarde anterior había resultado más serio de lo esperado por ellos y nosotros.

Magariños está ubicado en una ligera elevación de terreno, que en aquellos días se había convertido en un lodazal.

El fortín propiamente dicho estaba rodeado de un cerco de postes, como los usados para construir alambrados, colocados muy juntos. Contaba con un enorme galpón, como no lo había en Muñoz (hoy Gral. Díaz) ni en ninguno de los otros fortines caídos en nuestro poder y otras casas de menor tamaño, fuera del cerco existían gran cantidad de ranchos. Todo había sido incendiado y si bien las paredes de los edificios se mantenían en pié los techos se hallaban destruidos.

La Estancia Laguna ocupaba un lugar bien elegido, dos lagunas con agua permanente que lo hacen muy apropiado para la cría de ganado. Los edificios eran de buena construcción, con agua corriente y otras comodidades, otro dato importante es que en la zona existían numerosos puestos de pequeños hacendados.

RESULTADO DE LA BATALLA

60 bolivianos muertos.

Nosotros en toda la acción del 10 al 12 de febrero, tuvimos 10 muertos y 27 heridos.

El aspecto imponente de las posiciones de Magariños y el subido efectivo de tropas destinado a defenderla, aún admitiendo que ésta fuera de poca moral y de peor instrucción, nos hicieron abandonar toda de lanzar un ataque a fondo, para impedir el sacrificio de vidas, que siempre resultaría crecido.

Los hechos han excedido todos los cálculos, hasta los más optimistas, relativos a la poca eficiencia de los nuevos contingentes acumulados por el  adversario.

Vanos fueron todos los esfuerzos del Teniente Coronel David Toro, Comandante del Primer Cuerpo de Ejército Boliviano y de su más eficaz colaborador, el Mayor Germán Busch, ascendido a este grado por Orden General del mes de enero de 1934.

 

 

 

Fuente:

Breve Resumen de la Campaña del Chaco-Ministerio de la Defensa Nacional 1935
El Diario Edición Dominical-Marzo de 1934
La Guerra del Chaco – Campaña de 1934 Tomo I: Después de Campo Vía hasta el Parapití. Gral. Raimundo Rolón.
La Guerra del Chaco Tomo IV: Pilcomayo-Cnel. Carlos José Fernández.