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| Un arma olvidada: fusil ametrallador Madsen |
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LA AMETRALLADORA QUE CONQUISTÓ EL CHACO Por el Ingeniero Rafael Mariotti ![]() Dice el Gral. Juan B. Ayala, héroe defensor de Toledo "que el machete, arma de: confianza del paraguayo, fue útil y hasta indispensable en los montes y en los entreveros en los cañadones. El paraguayo, como guerrero nato, a corta distancia siempre tuvo más confianza en las armas personales: el machete y la granada de mano. Pero de ahí a que hayan sido las únicas armas, dista mucho de la verdad". Entre estas "otras armas'' hubo una que se destacó especialmente: el fusil ametrallador Madsen. Se ha dicho muchas veces que nuestros soldados, armados sólo de fusil y machete vencieron las defensas de Boquerón en 1932 y en tres años empujaron a los bolivianos 800 Km hasta más allá del Parapití, donde empezaban los Andes. "La verdad es que el machete, arma de confianza del paraguayo, fue útil y hasta indispensable en los montes y en los entreveros en los cañadones. El paraguayo, como guerrero nato, a corta distancia siempre tuvo más confianza en las armas personales: el machete y la granada de mano. Pero de ahí a que hayan sido las únicas armas, dista mucho de la verdad". - Gral. Juan B. Ayala, héroe defensor de Toledo.
Entre estas "otras armas" hubo una que se destacó especialmente: el fusil ametrallador Madsen. UN INVENTO NOTABLE En 1886 los franceses se ponían a la cabeza de los ejércitos del mundo al introducir su moderno fusil Lebel de repetición de 8 disparos sucesivos y con un proyectil impulsado por una nueva pólvora a base de nitrocelulosa que duplicaba el alcance de los demás proyectiles impulsados con la antigua pólvora negra. Tres años antes, un brillante ingeniero norteamericano: Hiram Maxim inventaba un arma capaz de disparar automáticamente (utilizando el propio retroceso del cartucho) más de 300 tiros por minuto: la ametralladora pesada. Estas dos innovaciones desataron una vertiginosa carrera de perfeccionamiento en las armas que cambiarían para siempre la forma de hacer la guerra. El inconveniente del arma inventada por Maxim era su peso, pues debido a que disparaba tal cantidad de proyectiles por minuto se la debía refrigerar con agua, y el peso de la máquina no bajaba de 60 a 70 kilos lo que la hacía útil sólo para defender posiciones fijas, no pudiendo avanzar o retroceder con la infantería y menos aún con la caballería. La infantería debía arreglárselas con sus fusiles y bayonetas y la caballería con sus lanzas, sables, revólveres y carabinas (un fusil similar al de las tropas a pie, pero más corto y liviano). Estos eran los problemas tácticos en los que se encontraba meditando él capitán de artillería dinamarqués Madsen en 1902, cuando juntamente con el técnico armero Schuboe perfeccionaron un arma que podía funcionar mediante el retroceso del cartucho como la ametralladora Maxim, pero que estaba dotada de un cañón (o caño del arma) provisto de varias refrigeración, envainado dentro de un tubo de acero con varios orificios que permitían el paso del aire. De esta manera el arma podría refrigerarse sin recurrir al pesado depósito de agua. Utilizaba la misma bala que el fusil de infantería y contaba con un cargador intercambiable de 32 balas. Lo mejor era que su peso era de sólo 8 Kg., tenía una culata de madera semejante a la de un fusil y un bípode plegable con el cual apoyarse en el extremo del cañón. La semejanza con el fusil reglamentario y la capacidad de disparar a ráfagas (450 disparos por minuto) como las ametralladoras pesadas dieron origen a un nuevo nombre en la nomenclatura de las armas: el fusil ametrallador. EL MADSEN EN EL PARAGUAY A raíz del lento y cada vez menos disimulado avance boliviano en la zona del Chaco bajo litigio (fundación de los fortines Saavedra y Arce en 1922) el Paraguay empezó un plan de rearme. Como parte de este plan, en 1926 el Encargado de Negocios en Londres, Dr. Venancio B. Galeano firmó, con la autorización del gobierno, un contrato con la fábrica danesa Madsen para la adquisición de 176 fusiles ametralladoras. Este y otros contratos tenían por objetivo formar para 1932 un ejército de unos 10.000 hombres perfectamente armados y equipados. En 1929 se creó una comisión pro-fusil para reunir fondos y adquirir más fusiles y ametralladoras. Con la ayuda de los fondos reunidos por dicha comisión el gobierno adquirió 200 fusiles ametralladoras Madsen entre otros armamentos. Con estas adquisiciones, el ejército de 7499 hombres que inició la marcha hacia Boquerón bajo las órdenes del teniente coronel José F. Estigarribia el 7 de setiembre de 1932, disponía de unos 376 Madsen, lo que equivale a decir un fusil ametrallador cada 20 hombres (los que estaban armados con sus fusiles Mauser reglamentarios). Por ejemplo, el regimiento de infantería Nº 4 "Curupayty" que fue el primero en atacar Boquerón, tenía 1300 hombres y 54 fusiles ametralladores Madsen además de 4 ametralladoras pesadas Colt - norteamericanas (refrigerada a agua que pesaba 50 kilos). Con el transcurso de la contienda, los regimientos fueron disminuyendo en efectivos, y a comienzos de 1933 estaban reducidos a 800 hombres, pero con las capturas de armas hechas a los bolivianos disponían ahora más de 70 fusiles ametralladores por regimiento, o sea una ametralladora cada 11 hombres. Estas armas eran enormemente estimadas por los soldados y aquellas capturadas no querían distribuirlas en los regimientos de nueva formación, por considerar que éstas les hacían aumentar sus posibilidades de éxito en el campo de batalla. Y la razón de este entrañable "aprecio" del veterano soldado paraguayo por esta arma danesa nos la puede esclarecer el siguiente episodio: Corría el mes de mayo o junio de 1933 y la primera división de Infantería defendía el Fortín Gondra. La división boliviana, que ellos llamaban "la cuarta brava división" embistió resueltamente las líneas paraguayas; la escuadra comandada por el teniente Laterza fue, en parte aniquilada. Los sirvientes del fusil ametrallador Madsen habían muerto todos. Laterza, con su asistente, se hizo cargo de la pieza. Al poco rato fue herido en el hombro derecho; a pesar de este contraste, siguió luchando. Los bolivianos habían emplazado una ametralladora pesada (Vickers de 43 kilos refrigerada a agua) a poca distancia de Laterza. Le intimaban la rendición a gritos y con terribles amenazas. Laterza luchó con su Madsen durante 36 horas, llegando a disparar 300 cargadores de 32 balas, o sea en ese tiempo disparó cerca de 10.000 proyectiles. En los más bravos momentos del combate el tubo (caño) del fusil ametrallador llegó hasta el rojo blanco sin estallar. Los bolivianos no daban tiempo, en ciertos momentos, para cambiar los tubos y el agua que se disponía para enfriarlos se había agotado. Después de 36 horas de combate, Laterza recibió refuerzos. Pudo rechazarse la acometida enemiga; él fue trasladado al hospital y el Madsen siguió haciendo fuego contra el adversario. Terminada la contienda, esta arma siguió en servicio por mucho tiempo en nuestro ejército, participando en las revoluciones y guerras civiles que ensangrentaron al Paraguay. Más tarde los fusiles ametralladores Madsen fueron modificados para disparar el nuevo cartucho reglamentario de la OTAN utilizado por nuestro país, dejándose sin uso el viejo cartucho Mauser de 7,65 mm usado en la campaña del Chaco. Finalmente fueron retiradas del servicio cuando sus prestaciones ya habían sido superadas por otras armas. Y EL TIEMPO LA SUMIÓ EN EL OLVIDO En 1950 salió de la fábrica Dansk Industri Syndicat Madsen (Sindicato Industrial Danés Madsen) el último de los modelos de aquella ametralladora ligera aparecida en 1902. Casi 50 años de existencia avalaban su fama, pero el tiempo pudo con ella. De lo que no cabe duda es que este inseparable compañero del soldado paraguayo resultó para su tiempo un arma automática de excepcionales cualidades y que funcionó correctamente con los calibres más diversos y en las más adversas condiciones. Ella marcó el camino a seguir en el diseño de lo que años más tarde se llamarían ametralladoras ligeras, para quedan después relegadas por todos. De su injustificado olvido la hemos traído a nuestras páginas porque su historia y su pasada importancia así lo merecen.
El Sitio Web General de División Fulgencio Yegros Girola agradece el artículo y las fotografías al Ingeniero Rafael Mariotti.
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