En línea

Tenemos 8 invitados conectado(s)

Licencia

Licencia Creative Commons
General División Fulgencio Yegros Girola por www.generalyegros.com/ se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

Choferes del Chaco Imprimir

El Ejército Paraguayo en el Chaco Boreal se distribuyó en fracciones de hombres que oscilaban desde las agrupaciones menores hasta las grandes Unidades operativas. A cada una de ellas debía hacerse llegar en sus respectivos lugares de emplazamiento, con oportunidad y la mayor abundancia posible, todos los elementos exigidos por la lucha, agua, víveres, proyectiles, elementos sanitarios, vestuarios, equipos y mil otras necesidades.

Sin un eficiente servicio de transporte, por tanto, de nada hubiera valido ni la capacidad de los comandos de todos los escalones, ni el sin igual valor de nuestros soldados.

Y es así como el Chofer del Chaco se apuntó la máxima meta de la abnegación, el espíritu de sacrificio y el coraje, que al ponerlo en el mismo nivel de cualquier otro de los heroicos combatientes, posibilitó la victoria en cien batallas memorables de la campaña inmortal.

Dicha planicie, con apenas un desnivel de 400 metros en una extensión de más de 1.000 kilómetros, contados desde la cordillera del Aguaragüe hasta el río Paraguay, creó la especial característica de la región, en cuyo caso la vasta extensión se convierte en un desierto fangoso sin fin, en que es casi imposible utilizar los medios de transportes mecanizados. Estos se hunden en los baches hasta el motor y patinan las ruedas sin esperanza, alguna de salir de allí por los propios medios. Cuando tal ocurre a centenares de kilómetros de algún puesto ocupado por gente amiga donde podría llegarse a pedir socorro, es cuando puede verse la energía y la voluntad de nuestros heroicos chóferes que a pesar de todo han de llegar y llegaron a sus destinos respectivos. En tiempos de seca, el calor que se mantiene en un término medio de 38º a 40º en la sombra, abate el espíritu y multiplica la sed; pero lo que más molesta es el polvo finísimo, impalpable, del seco lodo chaqueño que se eleva en el espacio al paso de los camiones y se mantiene en suspensión en el aire dificultando toda visibilidad, introduciéndose, en cuanto intersticios encuentra, el oído, las fosas nasales, la boca y hasta dentro del mecanismo de los relojes. Y qué decir de los motores.

Ese polvo que se mezcla con el sudor, empastela todo lo que del cuerpo se halla descubierto, particularmente las manos y el rostro, estira la piel y los párpados desfigurando a la persona hasta el punto de volverlo desconocido incluso para el compañero más próximo; en invierno, el frío es glacial ubicando a la temperatura con harta frecuencia por debajo del cero del termómetro, las extremidades se entumecen, sobre todo los dedos que llegan al punto de dificultar la conducción. Alguien diría que contra esta situación están los árbitros convenientes; pero sabido está que la pobreza franciscana de la patria no permitía proveer de tales elementos, cuando apenas podían sostenerse a los defensores en sus posiciones.

Además, la escasez de vehículos exigía que los pocos de que se disponía trabajasen al máximo, circunstancia que llevaba a los abnegados chóferes a un andar constante de día y de noche, no importa las condiciones en que se hallasen los cansinos ni la temperatura infernal reinante. Yendo y viniendo sin descanso, mal alimentado, falta de sueño por las lóbregas picadas, el chofer del Chaco llegó siempre a destino con su precioso cargamento indispensable a la defensa heroica. Esto naturalmente, cuando no pereció por efecto de algún "CUATRERAJE" (emboscada) realizado por los bolivianos al abrigo de la abrupta selva, o salvó, por milagros, de algún choque con el árbol de la vera de la picada contra el cual le llevó a embestir el sueño que por un instante breve lo venciera obligándole a dormir sobre su volante o los bombardeos aéreos.

En cierta ocasión, un cirujano movido por su curiosidad científica procedió a hacer la autopsia del cadáver de un chofer encontrando que su pulmón estaba prácticamente "revocado" con el negro lodo del Chaco. Era la consecuencia del polvo aspirado en el trajín sin término de su abnegada ocupación.

A medida que las operaciones, se alejan de la base principal de entrega de los abastecimientos, km. 145 de la vía del F.C.G.C.Ch., el esfuerzo exigido a los chóferes aumenta en progresión geométrica. En los viajes de vuelta han de sufrir moralmente hasta extremos indescriptibles al tener que soportar en los largos trayectos los ayes y gemidos de dolor de los camaradas enfermos o heridos graves que evacuan hacia los hospitales del interior. A cada barquinazo, obligado por los pésimos caminos, los heridos más impacientes proferían improperios nada agradables para ellos que ponían su propia alma en el deseo de causar la menor molestia posible a los doloridos pasajeros que en tendidos en el plan de la carrocería, viajaban con el Jesús en la boca en demanda de un alivio, despidiendo un hedor insoportable.

De la importancia de los transportes ningún militar dudó nunca, pero cuando más y mejor pudo comprendérsela fue cuando la línea de fuego era abandonada por los combatientes acuciados por el flagelo de la sed, para marchar hacia la retaguardia donde esperaban encontrar a los camiones transportadores de agua, sobre todo cuando se veía a la tropa reavivar su espíritu de lucha a la vista de la llegada de los convoyes respectivos.

Cuántas vidas salvadas gracias a la oportuna llegada de los camiones tanques y cuántas victorias se alcanzaron merced al invalorable sacrificio de los Chóferes del Chaco. La Comuna de Asunción nomina una calle de la Capital "Chóferes del Chaco", para perpetuar la memoria de tan beneméritos servidores de la patria.

Image Image
Image