Capitán de Artillería Fulgencio Yegros Girola, 29 de Septiembre de 1949. Por Decreto Nº 7.391, se le acuerda la MEDALLA CONMEMORATIVA DE LA VICTORÍA DE BOQUERÓN, en la categoría de MEDALLA DE PLATA, por el abnegado y magnífico esfuerzo con que contribuyó para el triunfo de nuestras armas en la memorable Batalla de Boquerón Ver detalles
Para entender mejor la misión del ejército y evaluar a cabalidad su importancia en el quehacer del gobierno de una nación, es muy importante, conocer su historia, para analizar el escenario de su nacimiento, las peripecias de su desarrollo y la situación actual de su vida institucional. Ver detalles
Por Orden General Nº 36 de fecha 20 de marzo de 1969 fue sustituida la denominación de la Escuela Superior de Guerra por la de Escuela de Comando y Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y luego a Escuela de Comando y Estado Mayor del Ejército (ECEME). Ver detalles
El 4 de julio es el día especialmente señalado para honrar las Glorias de la Artillería Paraguaya, en el Comando de Artillería del Ejército, como Unidad madre del Arma. Ver detalles
Una de la hazañas más grandes de la Guerra del Chaco donde caen rendidas nada más y nada menos la IV y IX Divisiones del poderoso Ejército Boliviano al mando del legendario Coronel Enrique Peñaranda. Ver detalles
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| La Victoria de Tacuary |
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Por el Dr. Alonso Ibarra Puede decirse que la vida institucional del Paraguay se inició con el triunfo de las armas nacionales en la memorable batalla de Tacuary, obtenido en la mañana del sábado 9 de marzo de 1811 sobre las fuerzas porteñas invasoras del Gral. Manuel Belgrano. Un acontecimiento de la trascendencia y magnitud de la revolución del 14 y 15 de mayo del mismo año, que proclamó nuestra independencia nacional, requiere lógicamente hechos tangibles y fuerzas morales preexistentes que pudieran servirle de fundamento, tal aconteció con la resonante victoria paraguaya de Tacuary. Convencida la Junta Gubernativa de Buenos Aires de la ineficacia de sus gestiones para la incorporación de la antigua Provincia del Paraguay, considerada como “rebelde”, resolvió efectuarla por medio de las armas encargando a su vocal Belgrano, el 24 de septiembre de 1810, que iniciara la campaña. A dicho efecto, Belgrano con un ejército de más de más de mil hombres, después de cruzar el río Paraná el 4 de diciembre, invade el Paraguay sin hallar resistencia ni gente alguna hasta llegar a Paraguarí el 15 de enero siguiente, donde el gobernador Velasco tenía ya distribuidas sus fuerzas en tres divisiones al mando del Coronel Gracia y los comandantes Cabañas y Gamarra. Los paraguayos habían resuelto atacar al invasor el día 18, pero los porteños —que también habían resuelto igual cosa— se adelantaron en el ataque por la madrugada, sorprendiendo grandemente a la vanguardia de Velasco de casi todos españoles sin ánimo de afrontar por aquellos apartados rincones americanos serios combates, viéndose envuelta en la mayor confusión, El gobernador Bernardo de Velasco, que estaba en la división del centro, tuvo la debilidad de huir hacia la cordillera de Altos con los españoles, debilidad, que no solo duplicó el coraje de los nativos para el éxito de la campaña sino que también facilitó en forma muy principal el subsiguiente movimiento emancipador hasta su completa exclusión del mando. Entre tanto, los nativos logran reorganizarse al mando exclusivo de Cabañas, Gamarra y el Capitán Fulgencio Yegros y al día siguiente 19 de enero obligan a Belgrano a retroceder hacia su campamento de Cerrito llamado después Cerro Porteño. Este primer revés determinó al mismo Belgrano para emprender la retinada en dirección a Tebicuary perseguido por la vanguardia de Yegros, volviendo a desplegarse sus líneas allende el arroyo Tacuary con el propósito de intentar una última batalla. Los nativos, ya muy estimulados por el éxito obtenido, avanzaron sobre las nuevas posiciones porteñas y simulando un ataque desde el arroyo, logran penetrar en su retaguardia venciendo espectacularmente al invasor en un combate decisivo el 9 de marzo; Belgrano tuvo que capitular ante el comandante Cabañas, regresando enseguida a Buenos Aires. En el Semanario de Asunción, del 10 de marzo de 1866, se registra el siguiente relato atribuido a uno de los jefes paraguayos protagonista de aquel histórico hecho de armas: “El día de ayer hemos rememorado el aniversario de la victoria que las armas nacionales han alcanzado por segunda vez sobre el ejército porteño, que con el designio de sujetarnos a la dominación y prepotencia del gobierno de Buenos Aires, creado por la revolución de mayo de 1810, se ha lanzado a nuestro territorio con la ilusión de sofocar el sentimiento patrio republicano. El día 7 de marzo llegó con su división el comandante Manuel Gamarra y después de inspeccionar la situación del adversario y la de nuestras fuerzas, propuso el plan de ataque de dirigirse todo nuestro ejército a pasar la otra banda del Tacuary por el puente que con tanto esfuerzo había construido el Cmdte. de Caballería Luis Caballero, (padre del prócer Capitán Pedro Juan Caballero y muerto por extenuación días después) como a una legua arriba del paso de dicho arroyo, quedando a esta banda 4 piezas de artillería, 77 fusileros y 3 compañías de lanceros al mando del Cmdte. de Caballería Juan Antonio Caballero con el objeto de despistar y entretener a los adversarios mientras que muestro ejército pasaba al otro lado por el puente con dirección a tomarlos por la espalda. El Gral. Cabañas resolvió pasar el viernes 8 por la noche, llegando el ejército al puente como a las dos de la mañana con 6 piezas de artillería y mil hombres más o menos teniendo que abrirse aún en el monte del otro lado con machetes, sables y cuchillos un varadero para los trenes y carros de municiones. El puente era de 30 varas de largo y 4 de latitud. Al amanecer empezó a pasar el ejército yendo delante las 4 compañías seguidas de la artillería, cuando se oyeron tiros de cañón de los encargados de despistar al invasor mientras el comandante de botes Ignacio Aguirre entraba en el arroyo Tacuary para atraer la atención por ese lado, de esta manera logró pasar todo nuestro ejército, no teniendo el ocasional adversario el menor indicio de ello. Serían las 7 de la mañana cuando de una isleta, en las inmediaciones de la capilla Tuparaí cercana al Tacuary, salieron precipitadamente la tropa comandado por el Gral. Belgrano a quienes los paraguayos dirigieron algunos tiros de cañón. El Mayor General José Ildefonso Machaín (paraguayo que servía de baqueano a las fuerzas porteñas) se hallaba emboscado con la gente de su mandó y 3 piezas de artillería haciendo un vivo fuego desde tres islas que ocupaban, por lo que Gamarra de acuerdo con el Jefe de vanguardia Yegros ordenó que avanzasen la artillería y caballería sobre las mencionadas islas verificándose con el mayor arrojo y decisión el avance que dio por resultado apoderarnos del punto ocupado por los porteños, dos cañones de bronce, un carro capuchino, 120 y tantos prisioneros entre ellos el Mayor General Machaín y 6 oficiales más con otros tantos fusiles, habiendo quedado en el campo un número considerable de muertos y heridos. Se ha hecho expectable el valor, intrepidez y prudencia del General Gamarra y asimismo se han distinguido el Cmdte. de vanguardia Yegros, el Cmdte. de Caballería Gervasio Acosta y su segundo Carlos Santos, los Cmdtes. Fortunato Acosta y Sebastián Taboada, los Capitanes de Caballería Amancio Insaurralde, Francisco Barrios y Juan Bautista Rivarola, también los Tenientes Urbano Fernando Gavilán y Manuel Ferreira, los Capitanes Antonio Tomás Yegros y Pedro Juan Caballero, el intrépido Teniente Mariano Recalde y los famosos ayudantes Vicente Iturbe y Mariano Mallada como también el Teniente de Cazadores José Antonio Yegros. El General Belgrano se mantenía aún tenaz de no rendirse, aparentando valor, pero nuestro ejército habían pasado ya a encordonar el resto de los invasores cuando Belgrano mandó a sus tropas que hicieran un último esfuerzo para lo cual un grupo de infantería con cañones avanzaba precipitadamente al mismo tiempo que una caballería de bastante número se desplegaba hacia la izquierda con el mismo objeto, cuando los Capitanes Zabala y Feliú dispararon contra ellos unos tiros de cañón que los suspendieron, al mismo tiempo que la caballería del Capitán Pedro José Genes les salió al encuentro e hizo un tiroteo del que quedaron muchos muertos en el campo, sin que los nuestros hubiesen experimentado daño alguno, con lo cual desistieron de su temeraria empresa. A la vista de la bandera parlamentaria mandaran los generales cesase el fuego, manteniéndole nuestro ejército formado pero caloroso y enfurecido. A poco se dejó ver don José Alberto Echeverría diciendo que venía a hacer una capitulación honrosa para nosotros y a condescender con todo cuanto quisiésemos, gritando al mismo tiempo “Viva la patria viva el Paraguay”. El General Gamarra propuso entonces que costando tantos sacrificios y perjuicios para la Provincia ocasionado por el ejército porteño en aquella lucha, era de parecer que debían hacer entrega de sus armas y equipos para compensar los daños, con lo que también estuvieron de acuerdo el Cmdte. Yegros y todos los demás oficiales, pero el Gral. Cabañas dispuso luego, muy a pesar de ello como única condición que se retiraran al día siguiente como así lo hicieron los invasores, con muchos honores. Mucho se ha escrito respecto de la misión de Belgrano al Paraguay, de preferencia por publicistas extranjeros, asignándole una finalidad que lo fue ajena en absoluto hasta convertirla en una expedición libertadora. La verdad es que el ejército porteño no logró cuajar en aquella histórica emergencia sus propósitos de conquista, dando por el contrario a los nativos paraguayos, con su fracasada desastrosa campaña reprobada luego por sus mismos compatriotas en Buenos Aires, la medida de la propia capacidad defensiva que avivó aún más el amor a la libertad y sus anhelos de autonomía gubernamental ya latentes desde los remotos tiempos del pronunciamiento de los Comuneros. Aquella invasión militar, así como las gestiones diplomáticas que le siguieron a cargo del mismo Belgrano y Echeverría, no alcanzaron otro resultado que el de embretarse en el fervor patrio republicano de los nativos, según se desprende con toda claridad del relato de sus protagonistas pero que más tarde la copiosa historiografía rioplatense, al resol de la oligarquía liberal porteña representada por el individualismo mitrista, pretendió durante mucho tiempo trocarla en acontecimientos propicios a la libertad de los pueblos americanos. Felizmente, el revisionismo histórico contemporáneo ha podido ya superar esa tarea empeñosa del convencionalismo extranjero repetida luego hasta la saciedad también por publicistas nacionales sometidos al oprobioso, mitrismo, poniéndole los puntos sobre las íes, vale decir descubriendo el tupido velo con el cual se ha querido envolver las pretericiones tradicionales de vasallaje de aquella pasada oligarquía porteña que en la actualidad apenas constituye una modalidad histórica. Por eso, la victoria de Tacuary, de cuyo resultado dependía incuestionablemente la vida futura del Paraguay como nacionalidad independiente y soberana, puede ser considerada justamente como el acontecimiento de mayor trascendencia para la ciudadanía paraguaya.
Fuente: Revista de las Fuerzas Armadas de la Nación. Año XIX – Enero a Marzo – 1959 – Nº 168 |